Defendiendo Spartacus: Vengeance

De vez en cuando me veo en la situación de defender Spartacus, tarea que al principio puede parecer un poco complicada. Hay que entender que en un primer acercamiento la serie te ciega con sus escenas porno softcore y un gore que en algunos casos nada tiene que envidiar a la saga Saw.

Estas son características que definen a la serie, pero que tan sólo son el envoltorio necesario para llamar la atención en una cadena como Starz. Bajo tanto exceso se esconde un culebrón clásico de los mejores, en la línea de Downton Abbey o Revenge. Me explico, en la serie británica, por ejemplo,  sus tramas amorosas e ires y devenires de los personajes están maquillados por una pátina de clase y calidad (y dinero) que le dan un acabado con mucho más estilo. Aquí sucede lo mismo, pero con un acabado visual que les acerca más al cómic que al cine.

En Spartacus las tramas las mueven los personajes femeninos, seres retorcidos, hipersexualizados y maquiavélicos. Su red de conspiraciones y como ésta atrapa a todos los que están a sus alrededores, ya sean nobles o gladiadores componen el corazón de la serie. Las batallas o las orgías son meros instrumentos que utilizan una serie de pérfidos personajes para conseguir sus objetivos.

Si se analiza lo que llevamos visto en Spartacus, nos damos cuenta de que es una historia sobre el poder y las diferentes formas de alcanzarlo. Realmente, su protagonista Espartaco, es uno más en esa maraña de maquinaciones que habilmente han ido tejiendo los guionistas.

Y es en ese punto en el que más incido a la hora de defender Spartacus, lo bien hilada que está su trama. Las dos temporadas que hemos visto hasta ahora fueron concebidas como una única historia que se desarrolla a lo largo de una serie determinada de episodios. Esto nos lleva a una introducción que nos presenta personajes, inconexos en muchos casos y que nos confunden con su presencia en las tramas. Pero conforme avanza (en torno al capítulo cuatro), comenzamos a ver que tras todo lo que sucede hay una intención. Las historias se entremezclan y los destinos de los personajes van cruzándose, creando un historial de mentiras, traiciones y deseos de venganza que confluyen de manera milimetrada en su cierre.

Si hay algo que construye muy bien esta serie, son los clímax de temporada. Todos los detalles, conversaciones y complots de los que hemos sido testigos recobran un significado y ayudan a dar una energía a sus season finales que pocas series consiguen (de cuantos bluffs hemos sido testigos al final de una temporada que prometía mucho y luego se quedó a medias).

Spartacus: Vengeance parece ir por el mismo camino y tras un comienzo que pudo dejarnos fríos, los guionistas han comenzado a colocar las piezas. Espartaco está con sus hombres reagrupándose, mientras que en Capua comienzan de nuevo los tejemanejes guiados por la ambición. Ilythia, mujer que representa muy bien el arquetipo de romana noble, hermosa y fatal ha puesto de nuevo en marcha su maquinaria de mentiras, engaños e infidelidades, que precedidos por temporadas anteriores, imaginamos terminará muy mal.

Por su parte, nuestra adorada Lucrecia (Lucy Lawless) ha vuelto de entre los muertos e intenta pasar desapercibida haciéndose la tonta. Aunque todos los que hemos visto Gods Of The Arena sabemos que esto es sólo una pose y que en cuanto tenga la oportunidad, Roma arderá.

Pero los hilos del "destino" ya han comenzado a cruzarse y como nos han enseñado, aquí podrá ocurrir cualquier cosa. El baño de sangre se acerca y no precisamente entre los gladiadores.