Que la cuarta temporada de True Blood terminó siendo bastante fallida no es ningún secreto. El cachondeo de sus primeros capítulos terminó diluyéndose en un tramo final que parecía tomarse a si mismo demasiado en serio. Los dos últimos capítulos pecaron de falta de autonconciencia y momentos desarmantes. Eso, unido a un último episodio que casi funcionaba mejor como detonante de la nueva temporada que de cierre, me dejaron con miedo ante lo que nos deparaba este nuevo año.

Pero Allan Ball parece que quiere despedirse en condiciones. El creador, que abandonará la serie tras esta temporada, nos ha regalado un comienzo que reunía las mejores características de la serie (y algunas de las malas, a las que ya nos hemos acostumbrado). Hubo humor, hubo sexo, no faltaron escenas bizarras ni el tan presente homoerotismo que permea toda la serie. Pero tampoco faltó ese exceso de tramas y esos momentos en los que hace amagos de tomarse en serio profundizando en sus personajes. 

(A ver, a estas alturas, ya no es posible. Cualquier persona cuerda que hubiese pasado por lo mismo que los protagonistas de la serie estaría encerrada en un psiquiátrico intentando procesar todo lo sucedido. Así que no es necesario detenerse en los personajes.

El capítulo, que podrá verse en Canal+ en Agosto, tuvo sus obligados highlights, desde Jason y esa puerta (o la abres o la cierras, pero no la dejes así), el reverendo reconvertido en vampiro que nos regaló el momento más WTF de la premiere, o la genial asociación entre Bill y Eric, algo que llevan explotando desde el año pasado y que no sirve más que para dejar en evidencia a Stephen Moyer en cada plano que comparte con el inmenso (por tamaño) Alexander Skarsgård.

Este 5x01 pudo pecar de atropellado, muchas líneas argumentales (demasiadas), tramas más interesantes como las de Bill y Eric en contra de su gente y otras que daban más pereza como la del marido de Arlene. Historias de personajes que deberían haber desaparecido hace un par de temporadas, como Alcide y otras que me mantienen expectante de ver el tono con el que las contarán, como es la transformación de Tara. De aquí puede salir algo grande o la línea argumental más cansina del año. Habrá que esperar para ver. 

Habría que añadir que tuve la inmensa suerte de asistir al pase que organizó Canal+ en los cines Proyecciones en Madrid, en donde pudimos disfrutar de los abdominales de Eric en pantalla gigante. Se agradece este esfuerzo y hay que reconocer que este evento comienza a ser el pistoletazo de salida al verano seriéfilo, siendo ya éste, el tercer año que lo organizan.

Por mi parte, no me parece mal sustituto a Game Of Thrones, cambiando épica y solemnidad por sexo gratuito y cachondeo. Sólo pido que la temporada no se les vaya de las manos, que no se pierdan con tanta trama, que el humor no falte y que ante todo recuerden que en Bon Temps ya no hay nada que se pueda tomar en serio. Ah, y que  nos regalen muchas más escenas entre Jason y el reverendo. Ese absurdo sólo tiene cabida en una serie como True Blood. 

1 lectores han dicho:

Life is short, talk fast.