Mis libros del 2011

Siguiendo con las listas, aquí va, como ya es tradición en este blog, un recuento de los libros leídos este 2011. De primeras, puedo decir que echo en falta las tres horas de transporte público que me tragaba todos los días para ir y volver a la universidad, rato en el que devoraba lo que estuviese leyendo en ese momento. Los viajes de 15 minutos al trabajo y las obligaciones seriéfilas y cinéfilas han pesado mucho y he terminado leyendo menos de lo que me habría gustado. Por lo demás, hago un balance bastante positivo y gran parte de los libros que he escogido me han gustado, como mínimo, bastante. Así que allá vamos:

#1 Festín de cuervos. Canción de Hielo y fuego IV de George R.R. Martin
Con la salida de la serie de Juego de tronos decidí retomar esta cuarta parte que había abandonado en su momento por aburrimiento. Como no recordaba nada, lo retomé desde el principio, esta vez con las expectativas mucho más bajas, lo que ayudó a que finalmente no me disgustase tanto como la primera vez que me puse con él.  En este libro, unicamente aparecen la mitad de los personajes protagonistas, limitándose a los que se encuentran en el continente de Poniente. Tiene buenos momentos, pero le sobran muchos capítulos y la inclusión de nuevos personajes sólo parece añadir más paja a una saga ya de por si muy extensa.

#2 En la montañas de la locura de H.P. Lovecraft
Primera novela que leo de Lovecraft. Me encanta su capacidad descriptiva y como te sumerge en una atmósfera de horror e incertidumbre. Maneja muy bien el lenguaje para sugerir un terror cósmico que arrastraría a la locura a todo aquel que lo contemplase. El problema está en su segunda mitad, cuando comienza a contar la historia de esos "Primordiales", al perder todo el misterio, pierde también todo el interés y termina por aburrir.

#3 Yerma de Federico García Lorca
¿Qué decir de este clásico? Maravillosa tragedia de una mujer que se va amargando al obsesionarse con tener lo único que no puede conseguir.

#4 Sinsajo. Los juegos del hambre III de Suzanne Collins
Maravillosa conclusión de la saga. Rehúsa ir por el camino fácil y nos plantea una situación más compleja de lo que podría esperarse de una novela juvenil, donde la línea divisoria entre los "buenos" y los "malos" queda completamente confundida. Es una novela cínica, cruel y desoladora. Suzanne Collins no da descanso al lector y lleva a sus personajes hasta su límite máximo de resistencia.
El triángulo Peeta -Katniss - Gale se complica de una forma inesperada y para nada dulzona y la conclusión de la revolución es cuanto menos inquietante. Los personajes van cayendo uno tras otro y la sensación de desastre es siempre constante. La narración es rápida y ágil, manejando capítulos cortos y efectivos cliffhangers.
Temas como los genocidios o la manipulación de la información durante conflictos armados campan a sus anchas en esta tercera parte y ayudan a darle una mayor profundidad a un planteamiento de por si inteligente y que ha sabido escaparse de los límites propios de la literatura juvenil.

#5 Historias de Chueca de Abel Arana
Divertido y rápido de leer, recordando en ocasiones más a un blog que a una novela. Un repaso con humor y autoconsciencia a la fauna de Chueca.

#6 El aliento de los dioses de Brandon Sanderson
Tras la interesante Elantris y la estupenda saga 'Nacidos en la bruma', esta nueva novela de Brandon Sanderson se antoja fallida. Reúne alguna de las buenas características de su autor, como la creación de un sistema de "magia" original. Si en 'Mistborn' utilizaban los metales y creaba la alomancia, en esta novela inventa un innovador sistema basado en colores y alientos.
También habría que destacar que de nuevo sabe llevar al lector por donde le interesa, haciéndole creer una cosa para cuando menos lo espera, sorprenderlo dando un giro radical a sus expectativas, consiguiéndolo además sin pecar de gratuito ni improvisado.
Por desgracia, estos elementos positivos quedan empañados por una historia que tarda mucho en arrancar y por unos personajes bastante faltos de carisma, e incluso irritantes, que impiden involucrarse plenamente con la novela.
Si le doy un aprobado a 'El aliento de los dioses' es por sus últimas cien paginas donde todas las historias confluyen de forma sorprendente y se crea un clímax a la altura de lo que Sanderson nos tenía acostumbrados.
Añadir, que al igual que con Elantris, pese a habérsenos vendido como una novela individual, queda abierta para una continuación.

#7 Teleshakespeare de Jorge Carrión
Interesante repaso a algunas de las mejores series de televisión venidas de USA. Utilizando como excusa los distintos programas, analiza diferentes facetas, tocando otros ámbitos como el cine o el cómic. Reflexiona sobre su validez como obras de arte y como reflejo de una época y un tipo de expresión cultural.

#8 Zonas húmedas de Charlotte Roche

Escatológico e irreverente, pero también muy divertido. Las experiencias que va relatando Helen no son aptas para estómagos sensibles, su afición por sus fluidos corporales es fascinante y su falta de pudor a la hora de confesarlas al lector es sorprendente. Pero entre todo eso, se puede vislumbrar un punto de ironía e incluso unos instantes de ternura que choca con las burradas que la protagonista va desgranando y que nos ayuda a acercarnos a ella.

#9 La virgen de los sicario de Fernando Vallejo
Una mirada llena de rabia y cinismo a la Colombia más voiolenta y deshumanizada. Un paseo por un lugar donde la vida no vale nada y el lenguaje que se entiende es el de las balas. Pesimista y desesperanzador, pero muy bien escrito.

#10 La ira de los justos. Apocalipsis Z III de Manel Loureiro
Tras el bajón que supuso el segundo volumen de la saga, el autor nos compensa con un magnífico cierre para esta trilogía zombi. Si en la anterior novela se le quedaban grandes algunas ideas, en esta es capaz de manejar las tramas con pulso, acertando en las connotaciones políticas (poco sutiles, eso sí) e intrigando al lector como hizo en su primer libro.
La novela avanza a través de dos líneas argumentales, que en un punto se dividen en tres y que en su tramo final se combinan para crear un clímax tenso y a la altura de las expectativas creadas. La novela es fácil de leer, con ese estilo, que aunque no muy cuidado, permite devorarla en apenas unos días. Seguimos empatizando con el abogado protagonista y sufriendo como tontos por el destino del gato Lúculo y de Pritchenko, ese ruso loco que se termina ganando nuestro cariño. Muy recomendable.

#11 Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar
A través de unas cartas a Marco Aurelio, el emperador romano Adriano nos va relatando su vida, evocando las diferentes facetas que había en él. Escrito con un lenguaje cuidado y medido, como si de poesía se tratase, consigue acercarnos de forma increíblemente vívida a la mente de esta importante figura histórica.

#12 Hiroshima por John Hersey
Interesante y duro repaso sobre lo que supuso la bomba atómica de Hiroshima a algunos de los habitantes de esa ciudad. Con una descripción cruda, pero que no se ensaña en los detalles, conocemos el horror que significó esta bomba. Un libro duro y conciso que no sólo se circunscribe a los días posteriores al desastre, sino que sigue a los afectados a lo largo de sus vidas, mostrandonos como realmente les afectó la bomba.

#13 A Dance with dragons. Canción de Hielo y Fuego V de George R.R. Martin
Las expectativas eran altas, sobre todo tras la decepción que supuso Festín de cuervos. Por desgracia, los fallos de ese libro también se encuentran en este. Sólo vemos a la mitad de personajes (estos más interesantes), pero por desgracia muchos de ellos sólo se dedican a deambular a ir de un lado para otro sin avanzar la trama e incluso dando marcha atrás. La forma en la que Martin va demorando esos sucesos que todos sabemos que tienen que suceder es frustrante y la falta de un clímax en condiciones que cierre estas mil páginas te deja con una sensación muy agridulce.
Tiene cosas buenas, como algunos capítulos genialmente escritos que uno se lee volando, varias sorpresas que te pillan completamente desprevenido y unos cuantos cliffhangers interesantes. Pero no compensa el resultado final.
Hasta ahora, en estos dos últimos libros todo han sido promesas, esperemos que en el sexto las cumpla, o si no, como empiezo a temerme, la historia se le habrá ido de las manos. Hablé más en profundidad de esta novela aquí.

#14 Rama II. Cita con Rama II de Arthur C. Clarke
Segunda parte del clásico de Arthur C. Clarke y mi novela favorita de este autor. La aparición de una inmensa nave espacial cilíndrica de origen desconocido que pasa cerca de la Tierra, siendo indiferente a nosotros, sólo genera preguntas y una certeza, esos desconocidos extraterrestres hacen las cosas por triplicado y habrá que estar preparados para la segunda nave. Eso es lo que se relata en esta continuación. Rama II pierde parte del misterio y sentido de la maravilla que producían todas las preguntas sin resolver de la primera novela, pero gana en una construcción de personajes más cuidada.

#15 La cosecha de Samhein. El ciclo de la Luna Roja I de Jose Antonio Cotrina
Primera parte de esta saga a la que me acerqué por los comentarios que la comparaban con Los juegos del hambre. Por suerte, pese a salir de un punto de partida parecido, sigue un camino distinto. En este caso, nos encontramos con una novela que hace gala de una imaginería gótica y siniestra muy atractiva en la que se da vida a Rocavarancolia, una abandonada ciudad de los horrores a la que llegan doce jóvenes con la única misión de sobrevivir a los peligros que se esconden tras cada callejón. Las aventuras de estos chicos se intercalaran con los intrigas por la regencia por parte del consejo de la ciudad, un grupo de personajes a cada cual más interesante, siendo ésta la parte que sorprendentemente más me ha gustado.
La historia promete, pero hay que comprender que este primer libro sirve de introducción para toda la saga (y no funciona como novela independiente), comenzando a despegar al final. Aún así, es rápida de leer y tiene a su favor la gran imaginación de la que hace gala su autor, Jose Antonio Cotrina, dando vida a la ciudad y habitantes de Rocavarancolia. Como punto negativo, unos diálogos que no ayudan a diferenciar a los distintos personajes, algo importante cuando manejas 12.
En conclusión, estupendo comienzo de una prometedora saga juvenil que incluyo en ese grupo de novelas que no tratan a sus lectores como niños inocentes (La materia oscura, Los juegos del hambre...)

Ahora mismo ando enfrascado en la lectura de Los hijos de las tinieblas, segunda parte de El ciclo de la luna roja y luego retomaré American Gods de Neil Gaiman. Entre futuras novelas que ya tengo en el lector electrónico se encuentran El caso de Jane Eyre de Jasper Fforde y sagas pendientes como La Torre Oscura o Geralt de Rivia, pero ando abierto a recomendaciones.

Los mejores momentos televisivos del 2011 (Parte I)

Con el final del año llegan las listas y para no repetir una con las mejores series, voy a escoger algunos de los mejores momentos que me han hecho aplaudir y agradecer mi afición seriéfila.

- Una canción de Mika y un ascensor que va deteniéndose repetidas veces mientras sus dos pasajeros sólo esperan por llegar a la habitación que han reservado. Unos dedos que se tocan, unas miradas que se evitan y finalmente unos besos que llevamos dos años esperando. La conclusión de la segunda temporada de The Good Wife cerraba un frenético tramo final en el que los secretos finalmente salían a la luz y dónde las diferentes relaciones entraban por caminos desconocidos. Pese a conocer de antemano lo que iba a suceder, esa escena me hizo aplaudir y no pude evitar repetirla una y otra vez en YouTube.

- Shameless (US) equilibró muy bien la comedia con el drama, riéndose de desgracias propias de un drama de Mike Leigh y construyendo una serie de personajes que era imposible no adorar. A lo largo de los episodios nos fueron introduciendo en esta peculiar familia y nos acostumbraron a su extraño status quo. Por eso, el regreso de la matriarca de los Gallagher supuso un terremoto emocional, tanto para ellos como para los espectadores. Esa reencuentro en el salón de todos los hijos con su madre fue uno de los highlights del año.

- Pese a conocer lo que iba suceder en la primera temporada de Game Of Thrones por haber leído previamente los libros, el cierre de su noveno episodio, Baelor, me dejó sin respiración. Una secuencia magníficamente planificada y rodada que rompe con todas las expectativas y que es toda una declaración de intenciones. Deja al espectador sin aliento y con la pregunta de ¿Y a partir de ahora qué?. Este fue el clímax de una primera temporada maravillosa que comenzó bien y fue escalando en calidad hasta cerrar magnificamente. Si tuviese que hacer un top de series, creo que esta producción de HBO estaría en primer lugar.

- Un fin de semana en una cabaña en el bosque da lugar para mucho. Y más si se establece un velado juego del gato y el ratón, dónde las mentiras se solapan con las verdades y los sentimientos quizás no son tan fingidos como se pretenden. Deslices y confesiones, un cara a cara que parece poner todo sobre la mesa conforma una de las mejores secuencias de este Otoño. Homeland, por mi parte, se ha ganado el puesto de mejor estreno de esta fall season.

- Parks and Recreation se merecería un mejores momentos para ella sola. Pero por quedarme con alguno, tarea difícil teniendo en cuenta el nivel al que nos han acostumbrado, escogería la aparición de la primera exmujer de Ron Swanson. La serie de Amy Poehler ha alcanzado una madurez increíble y ya no queda nada de ese regustillo a The Office de segunda. Desde hace un par de años, sólo 30 Rock puede igualarla.

- La conclusión a toda la trama del segundo año de The Vampire Diaries tuvo su cierre un episodio antes de lo previsto. Y claro, nos pilló a todos por sorpresa y sin estar preparados para todo lo que traería, muertes trágicas, resucitaciones, traiciones y planes que al final acaban saliendo mal. Un final a la altura, teniendo en cuenta que esta serie acostumbra a marcarse seasons finales cada cinco episodios. Las exigencias eran mayores y fueron capaces de volver a sorprendernos. Y pese a los temores, este tercer año, continúan superándose. Lo de esta serie está siendo muy grande y sin apenas darnos cuenta.

- Lo del muerto en el loft del segundo capítulo de Ringer es antológico. Es la síntesis de lo que es esta serie. Sarah Michelle Gellar deja un cadáver en un piso vacío medio envuelto en una alfombra, cuando regresa está teniendo lugar una fiesta, pero el muerto está colocado en una esquina, ahí para no molestar y sin que nadie se diese cuenta. Nada como meterlo en un baúl y dejarlo en medio de la fiesta ¿Quién va a sospechar? Claro, que no se le ocurre comprobar que no lleve un móvil encendido. Las cosas en esta serie suceden porque sí, los guionistas necesitan un giro, pues se lo sacan de la manga y nosotros los espectadores tan contentos. Por que no podemos quejarnos, ya que estamos con la mandíbula desencajada intentando asimilar tanto horterismo (ese moño) y falta de vergüenza. Todo es horrible y a la vez genial. Es un culebrón loco en el que han aunado una considerable cantidad de falta de talento y les ha salido algo tremendamente divertido y sin complejos. Guilty pleasure del año. Sin duda.

- La cuarta temporada de Torchwood quizás no haya estado a la altura de lo esperado. Pero el personaje de Gwen mantuvo el carisma ganado en su tercer año y verla con una pistola en la mano y en la otra cargando a su hijo en el 4x01 de Miracle Day no tuvo precio.

- Y en una pequeña concesión a los realitys incluyo la doble expulsión a mitad de la última edición de Big Brother (US). La casa estaba enfrentada y este acelerado episodio resumió una semana de estrategias en sólo cuarenta minutos, dándonos uno de los mejores capítulos de un programa que lleva 13 ediciones y que todavía tiene cuerda para rato. Esta doble eliminación removió los cimientos de la casa y disparó de la mejor manera posible el tramo final en el que la batalla por el poder en la casa es más encarnizada. El newbies vs veterans que se marcaron este verano ha entrado directo en el top 5 de ediciones regalándonos tres meses de alianzas, traiciones y estrategias, con un final que fue el broche pefecto para todo lo que habíamos visto.

De clásicos y Mad Men

Ver series de televisión es una afición y como tal se hace para divertirse. Pero hay series de todo tipo y calidades y cuando este hobby te lleva a devorar entre diez y veinte series semanales parece ser algo un poco más serio. Y al igual que ocurre con el cine o la literatura, entre tanto material hay lugar para clásicos y programas imprescindibles para el aficionado. Imprescindibles para entender como hemos llegado a las series que ahora tenemos o para disfrutar de las mejores creaciones televisivas que están teniendo lugar en estos momentos.

Series como Oz, Los Soprano, A dos metros bajo tierra o Sexo en Nueva York deberían ser conocidas por los hard fans de esto de la televisión, un poco como 'bagaje cultural' que permita entender programas posteriores como Mujeres Desesperadas o Mad Men. Pero muchas veces, reconozcámoslo, la pereza nos puede.

Los Soprano puede ser la mejor serie que se ha hecho en televisión, pero abordarla sabiendo que tiene seis temporadas por delante con episodios de entre 50 y 60 minutos es algo que puede echar atrás en un principio. Por mi parte, he hecho un esfuerzo en ir viendo algunas de estas series, reconociendo, a mi ritmo, que su estátus de clásico era merecido.

Algunas me engancharon y convirtieron en fiel seguidor, como me sucedió con The Wire, y otras me costaron un poco más y que si bien no me atraparon incondicionalmente, si pude reconocer su calidad, como por ejemplo me sucedió con Los Soprano o Mad Men.

Todo esto viene a que en el puente de Diciembre he aprovechado para finiquitar la tercera temporada de la serie de Don Draper, haciendo un hueco entre tanta CW y buscando un poco de excelencia televisiva. Le he echado ganas y he podido completar esta serie de episodios, que a diferencia de años anteriores, se me han hecho muy cuesta arriba. Y reconozco, que si hice el esfuerzo, sólo fue por su carácter de clásico instantáneo.

Mad Men nunca se ha caracterizado por sus tramas frenéticas, pero aún así, el ritmo de este tercer año ha sido excesivamente contemplativo. Había una serie de temas que se insinuaban a lo largo de los episodios, que se iban construyendo poco a poco, pero que dejaban a los capítulos faltos de gancho, por ausencia de algo a lo que agarrarse. Llegado un punto decidí que si la cosa no mejoraba, me bajaba de la serie al final de la temporada. Sería un clásico, pero quizás no estaba hecho para mi.

Pero hay que reconocer que Weiner sabe recompensar al espectador y todo lo que se ha ido plantando a lo largo de la temporada, todas esas escenas que en principio sólo parecían estar para extender el episodio hasta sus cuarenta y cinco minutos cogen un sentido y precipitan la serie en sus dos últimos capítulos a una carrera a la que no nos tienen acostumbrados.

En la tercera temporada de Mad Men no sucede nada hasta el final, pero cuando finalmente ocurren cosas, dinamitan los cimientos de la serie. Y no hay nada que se agradezca más, teniendo en cuenta el ritmo que normalmente se gastan. Ese 'Sit down. Close the door' me han renovado la fé en Mad Men y ahora no puedo esperar a empezar con su cuarto año, que se promete cuanto menos, movido.

AMERICAN HORROR STORY: Superpoblación de fantasmas

'Superpoblación de fantasmas' es el mejor término para definir lo que llevamos visto hasta ahora de American Horror Story. Esta excesiva y referencial serie de terror está jugando al continuo sumar ideas sin en ningún momento cribar o restar alguna. Y sorprendentemente, en su barroquismo, funciona mucho mejor de lo esperado.

Que la familia Harmon huya de sus problemas familiares y para ello inviertan todos sus ahorros en una casa en una nueva ciudad con la esperanza de que eso pueda curar las heridas en sus relaciones es un punto de partida clásico. Que la casa resulte estar encantada también es de esperar y que estos fantasmas hagan volar por los aires la artificial paz que hay entre todos es lo mínimo. Pero que en lugar de uno, dos o tres fantasmas, a estas alturas ya contemos con ocho (o puede que alguno más) ya no es tan habitual.

Lo que en principio parecía el planteamiento de la serie en sus primeros episodios, se ha convertido en la tónica general. Presentar a un nuevo fantasma y su razón por la que está vagando por entre esas cuatro paredes es el leitmotiv de cada capítulo y mientras, la pobre familia Harmon intentando arreglar sus disfuncionalidades sin enterarse muy bien de lo que sucede alrededor.

Algunos hablan de desastre al referirse a American Horror Story, pero de momento es una afirmación desencaminada. La serie está construyendo un castillo de naipes que por ahora se sostiene, aunque también es cierto que  este castillo se está levantando sobre una mesa coja que en cualquier momento derrumbará todo. La serie es potente porque no ha cesado de construir una mitología, pero en el momento en que termine (supongo que hasta en esta casa habrá un límite de almas en pena habitando) ¿qué les quedará por contarnos? ¿Las fiestas que se deben montar todos los inquilinos que han pasado por el lugar y perecido?

A pesar del hombre de látex y de alguna que otra marcianada, American Horror Story es muy clásica, casi de manual y esto la obligaba a un formato de duración más reducido, como una miniserie de cuatro o cinco episodios. Tener que mantenerse durante una temporada les ha obligado a no parar de sacar fantasmas de todas las habitaciones, desvanes y áticos incluidos. Hay que sorprender al espectador, aunque no nos paremos a pensar que haremos en el capítulo trece con un total de 15 personajes no-muertos y una vecina loca y genial (Emmy para Jessica Lange).

Lo que cada vez está más claro es que el destino de la familia Harmon (o al menos el de uno de sus miembros) es terminar como fantasma a la espera de unos nuevos inquilinos en la segunda temporada. Sería el cierre perfecto y permitiría ofrecer una nueva perspectiva de la serie en su segundo año. Habrá que estar atentos a ver si Ryan Murphy, muy conocido por idear buenos proyectos que se terminan yendo al traste, es capaz de mantener el nivel.

American Horror Story se ha desvelado como el proyecto loco y arriesgado de la temporada y parece que el experimento les ha salido bien. Por ahora, yo estoy contento con esos homenajes continuos a películas como Amityville, Al final de la escalera o La semilla del diablo (por nombrar los más evidentes). Me encanta Frances Conroy y sus enfrentamientos con Jessica Lange, la inquietante intro, la falta de vergüenza y sentido de la medida y su sensación de que aquí es posible que cualquier cosa suceda (y que además no desentone). Pero sobre todo, adoro su absoluta falta de reparo a la hora de sacarse fantasmas de cualquier lado, el día que caven una piscina en el jardín eso va a ser peor que el cementerio indio de Poltergeist