LIFE'S TOO SHORT: Extras 2.0 con un enano

El objetivo de Ricky Gervais es hacérnoslo pasar mal con su comedia, busca incomodarnos provocándonos una vergüenza ajena infinita o haciéndonos sentir malas personas al reirnos de un tema del que hasta el momento no estaba bien hacer bromas. A Gervais nunca le ha dado miedo llevar al espectador hasta el límite, aunque eso  haya provocado el rechazo de muchos, ya fuese porque esta incomodidad les resultaba molesta, o simplemente, porque cuando uno ve una comedia sólo quiere reirse durante veinte minutos sin pensar en nada.

Gervais ha vuelto a la BBC con un nuevo programa, Life's Too Short, en esta ocasión protagonizado por Warwick Davis, enano famoso por películas como Willow o El retorno del Jedi. La dinámica es muy parecida a la que empleaba en Extras. Utilizando el mockumentary seguimos a este actor que busca relanzar su carrera mientras lleva una agencia de actores enanos e intenta conseguir algo de trabajo de sus "amigos" Gervais y Merchant.

Los cameos están a la orden del día y los actores que aparecen no tienen problema alguno en reirse de la imagen que el público tiene de ellos. El primer episodio, con un Liam Neeson intentando hacer comedia  es impagable, en un sketch en el que no se cortan a la hora de terminar haciendo chistes incómodos sobre temas como el VIH.

Gervais no se corta y nos ofrece lo que mejor sabe hacer. Y esta quizás es su gran virtud y a la vez el mayor defecto de esta nueva serie. Cuando uno la ve tiene la sensación de estar contemplando un Extras 2.0, una nueva temporada de esa serie en la que el riesgo por hacer algo diferente brilla por su ausencia. Pero, también es cierto, que lo que hace, Gervais lo hace muy bien. Y hasta ahora, pocos cómicos son capaces de llegar a este nivel, por lo que tampoco podemos discutirle que siga intentando incomodar a todo el que se le ponga por delante con su corrosivo humor. Programas así son necesarios y por ahora, la fórmula no parece agotada.

Así que, si no os importa ver una serie protagonizado por un enano que se ríe de su situación (o más bien se ríen de él), acompañado por cameos estelares que no pasan solamente a saludar y no tienes reticencias a la hora de reirte de cualquier cosa, no dudes en darle una oportunidad a Life's too short.

Y mientras, nos preguntamos que nos tendrá reservado Gervais para la próxima gala de los Globos de Oro que él presentará, porque nos está demostrando, que de mala leche viene sobrado.

El ciclo de las estrellas

Para un espectador de reality shows americanos (hagamos esta distinción, ya que, al igual que sucede con la ficción, existe un abismo entre los programas que allí se hacen y los que sufrimos nosotros aquí) el término AllStars es sinónimo de felicidad absoluta. Esto quiere decir, que tras un buen número de ediciones, el programa decide detenerse y echar un vistazo a lo que han hecho hasta el momento y, como si de un premio a los espectadores se tratase, recuperan a los mejores participantes que han pasado por allí.

En un reality show la clave está en sus concursantes y de ellos dependerá el resultado final. En cierto modo, son los personajes de la serie, y más en USA donde estos programas son tratados como ficción, emitiéndose muchos de ellos una vez han sido grabados al completo y creando 'líneas argumentales' que sostengan la intriga (una enemistad, una pareja que deba ir superando obstáculos, etc...). Que el público no intervenga con votaciones permite a los productores jugar a su antojo con los participantes y a estos sincerarse ante las cámaras sin miedo a terminar expulsado por haber caído mal a los espectadores.

Por esto, cuando un programa decide realizar un AllStars, hay un alto grado de probabilidades de encontrarnos con una edición sobresaliente. Reunir a las mejores personalidades que han pasado (muchas de ellas conflictivas y casi todas con grandes egos) y juntarlos de nuevo en un entorno conocido, donde todos deben jugar con la imagen que el programa proyectó de ellos en sus respectivas ediciones es un reto. Hasta ahora, por lo que he visto, los programas que mejor provecho sacan de estas reuniones son aquellos de interacción y estrategia social (Survivor, Big Brother), donde los concursantes se ven obligados a convencer a sus compañeros de ser merecedores de un gran premio en metálico contando con un bagaje muchas veces desagradable.

En cambio, en los talent shows, la gracia está más en ver que ha sido de algunos participantes y cómo han evolucionado. Esta temporada, el longevo programa America's Next Top Model estrenaba su 17ª edición anunciando su primer AllStars, tras nueve años reunía a las modelos con las personalidades más peculiares y las subía de nuevo a la pasarela en una competición por ser la mejor de todas.

Aquí ya no se trata de niñas aprendiendo a posar o a caminar sobre la pasarela, sino a modelos (algunas incluso con una carrera) que ya saben lo que hacen y que deben demostrar ser la mejor y a la vez revalidar para sus fans la imagen que en su momento se labraron.

America's Next Top Model tiene la estructura clásica de estos programas, un primer desafío que suele ir acompañado de una recompensa y un segundo reto que decidirá la expulsión de esa semana. Aquí las pruebas van de lo razonable a lo absurdo, pero siempre haciendo gala de ligereza, humor y curiosamente mucho girl power.

Es cierto que esto es un reality sobre modelos y al final del día, la que se va a casa es la que peor sale en la foto. Pero en todo momento el discurso va en la dirección de 'conviértete en una mujer segura y fuerte y plasma esa impresión en los demás y triunfarás'. Teniendo en cuenta que este programa se emite en la cadena CW (Gossip Girl, 90210), ya es algo loable.

Esta nueva temporada, o 'Ciclo' como lo llaman aquí, está a punto de llegar a su fin. El resultado está siendo muy entretenido y sus episodios se pasan en un suspiro. Ha habido todo lo que podría esperar, grandes personalidades, catfights, sobredosis de pastillas, sesiones fotográficas interesantes y desafíos un tanto absurdos. Todo ello dirigido por una simpatiquísima Tyra Banks, en un tono más cercano y amistoso, opuesto a la frialdad de Heidi Klum, host de Project Runway.

Pero, también es cierto que esto no se trataba de una temporada normal, y para ser un AllStars esperaba todavía más. Como ya he dicho, una reunión de las mejores personalidades que habían pasado por el programa podía haber dado mucho más de sí. Algunas concursantes perdieron en pocas semanas toda la fuerza con la que llegaron y el orden de expulsión se cargó alguno de los conflictos más interesantes que había entre ellas. ¿Recomendaría la edición? Si uno quiere algo ligero y ver como una chica de belleza discutible puede salir como una diosa en una sesión de fotos, echadle un vistazo. Si no, siempre recomendaré el interesantísimo Project Runway.

HOMELAND: De la intriga me matas

En cualquier libro de Agatha Christie un personaje muere víctima de un asesinato, todos los conocidos y familiares que estaban por las cercanías son sospechosos de este crimen y un inteligente detective tendrá que sacar a la luz al culpable. Interrogatorios, recogidas de pista y un sobreesfuerzo de las células grises, como diría Poirot, le llevarán a la solución. En todo momento, el lector avanza a lo largo de la novela movido por la intriga de quien será el asesino. Conforme mejor sean los personajes, más llevadera será la lectura, pero el motor que impulsa a devorar página tras página es la identidad del culpable y su motivación. En Homeland, sucede lo mismo.

La nueva serie de Showtime se ha convertido en el estreno de la temporada. Todas las cosas positivas que se intuían en el piloto (del que hablé aquí) se han confirmado y mejorado. La serie ha estado a las alturas de las expectativas y ha sabido crecer a cada episodio para mantenernos pegados a la pantalla siguiendo las aventuras de Claire Danes y su acecho sobre el sargento Brody.

Pero lo que más me ha llamado la atención ha sido su magnífica construcción del suspense, de la intriga en torno a la que gira la serie ¿El sargento Brody es un terrorista o eso sólo son imaginaciones de Carrie, la paranoica agente de la CIA? Al igual que en cualquier novela de misterio se nos plantea un escenario, en este caso no hay crimen, pero si la certeza de que va a haberlo y hay que evitarlo. Una frase marca el punto de partida a toda esta intriga: 'Un agente americano se ha pasado al otro bando'. A partir de aquí, todo el mundo es sospechoso.

Los responsables de Homeland han sabido jugar con nosotros. No han querido que tomemos la mirada de Carrie como algo certero y han jugado sutilmente con las ambiguedades. Todo puede ser de una manera o de la contraria. Todo depende de lo que uno quiera creer. Al igual que en las novelas policiacas, sabemos lo mismo que aquellos que investigan y por lo tanto, también dudamos. Al espectador se le permite escoger. ¿Creo en el agente Brody o creo a Carrie?

La serie ha ido avanzando a lo largo de los episodios y este continuo tira y afloja entre ambos personajes estalló en el sexto episodio con algunos de los momentos más electrizantes de lo que llevamos de año. Ese interrogatorio en la cabaña y la posterior revelación con la que concluiría el episodio nos daba la primera sorpresa y, atendiendo a la altura en la que nos encontrábamos del relato, nos desviaba del objetivo principal.

Por que no olvidemos que el corazón de la serie es la verdadera lealtad del sargento Brody, todo gira en torno a ello y nos obliga a elucubrar si hemos sido contagiados por este 'no confíes en nadie' en el que todos pueden ser culpables o si realmente nuestras sospechas están fundadas.

El cierre del capítulo 8 ha dado una nueva vuelta de tuerca a lo que creemos, pero teniendo en cuenta el punto en el que estamos, esta supuesta revelación puede significar cualquier cosa, más allá de lo que a primera vista se nos indica. Para nada nos han resuelto la pregunta clave, la duda sigue en el aire ¿es cierto lo que hemos visto o a su manera el sargento Brody es una especie de agente doble?

Homeland me mata de la intriga como hacía mucho que una serie no lo conseguía. Me he arrepentido de no haber dejado la serie para Navidades y así haberla disfrutado en modo maratón. Necesito saber las respuestas y conocer las verdaderas intenciones de todos. No hay que olvidar que todavía tenemos un topo en la CIA y que este tipo de historias se prestan muy bien para una última sorpresa que nos descoloque por completo, sólo hay que ver la primera temporada de 24.

Homeland maneja muy bien los miedos actuales jugando con la paranoia terrorista. Si un héroe de guerra ni siquiera lo es ¿entonces qué nos queda? Pero por encima de todo esto, destaco la maestría con la que están manejando la intriga. Donde The Killing fallaba, Homeland está dando un recital en la construcción del suspense, en dar al espectador algo que en principio parezca una respuesta, pero que al final sólo genere dudas y nos deje igual que al comienzo.

Porque pese a todo lo que hemos visto, continuamos igual que Claire Danes en ese piloto ¿quién es realmente el soldado Brody?

¿Qué pasa con The Walking Dead?

Ya llevamos cinco episodios de la segunda temporada de The Walking Dead y las críticas no han tardado en llegar. Si ya al final de la primera temporada hubo muchas quejas sobre como se desviaban del cómic o sobre como no había sido capaz de mantener el nivel del piloto, ahora casi todas se centran en la excesiva lentitud de las tramas.  

Por que es cierto que si de algo se puede acusar a The Walking Dead es de tomarse su tiempo para contarnos las cosas, quizás demasiado. Pero por desgracia no es el único problema con el que nos encontramos en este segundo año, teniendo que enfrentarnos a personajes que caen mal y tramas que no paran de dar vueltas sobre si mismas.

The Walking Dead ha rehuído del frenetismo que caracteriza a los cómics, donde los continuos giros y muertes de los personajes a veces impedían llegar a involucrarte con ellos (o directamente a saberte su nombre antes de que desapareciesen) y ha optado por un ritmo más reflexivo, dejando de lado la acción por una intensidad a ratos excesiva.

Todo es profundidad y continuas preguntas a dios y al sentido de la existencia ¿por qué merece la pena seguir viviendo en un mundo así? ¿Por qué traer una nueva vida a este infierno? Los personajes de la serie no están continuamente acechados por zombis, pero tampoco se les da un respiro. Emocionalmente están constantemente al límite y quizás esto los convierte en antipáticos; exceptuando a un par, todos se pasean con cara de oler vinagre y con la pinta de ponerse a llorar en cualquier momento. Comprensible, pero agotador para el espectador, que no ve aliviada tanta carga con ningún salida más ligera.

El otro gran problema, como hemos comentado al comienzo, es la lentitud con la que se va desarrollando la trama. La situación de los personajes apenas avanza y algunas líneas argumentales se alargan mucho más allá de lo necesario. El espectador tiene la sensación de haber visto cinco capítulos y apenas haberse movido de la casilla de salida. La queja no viene por la falta de acción, ya que quien ha leído el cómic sabe que en un escenario 'tranquilo' pueden ocurrir un buen montón de cosas, sino del hecho de mantener a los espectadores estancados, intentando contentarlos con pensamientos profundos, que por desgracia, a estas alturas no llevan a nada.

En estos momentos, The Walking Dead necesita un revulsivo, algo que lance toda la historia hacia adelante, durante estos cinco capítulos han desaprovechado muy malamente la oportunidad de ir dando más entidad a las relaciones entre los personajes y a hacérnoslos atractivos de cara a preocuparnos por ellos. Ha llegado un punto en que sólo esperamos que llegue una horda zombi y los devore a todos.

Parece confirmarse que haber retrasado la llegada a cierto lugar que es clave en el cómic sólo está frenando la serie. Y en estos momentos, cuando uno se sienta a ver el nuevo episodio de The Walking Dead sólo queda rezar por que suceda algo (o encuentren a la maldita niña de una vez).

Lo mejor, los cold opens, en los que nos regalan flashbacks donde vemos a los personajes en puntos anteriores a lo que nos contaron en la primera temporada. Quizás sea porque en ellos sí sucede algo, pero por ahora, están siendo los mejores minutos que nos ofrece la serie.

Todavía queda más de la mitad de la temporada y aún hay tiempo para mejorar y finalmente aprovechar a los secundarios, sacarle el palo del culo a Lori (Sarah Wayne Callies), encontrar a la niña y finalmente ir a algún lugar. La gran baza del cómic son sus personajes, las relaciones que se establecen entre ellos y como la situación que les rodea les va arrastrando a la locura. Y por ahora, de eso, en la serie hay poco.

A DANCE WITH DRAGONS: Danzando con dragones

Sin spoilers, podéis leer con tranquilidad aunque no hayáis llegado a este último libro.

A dance with dragons es el quinto libro de la monumental saga creada por George R. R. Martin, Canción de Hielo y Fuego. Popularizada gracias a la serie que nos trajo a principios de año HBO (Game of thrones), nos muestra un universo medieval en el que las guerras entre reyes asolan una tierra que en breve será cubierta por el invierno y que aguarda a que su legítima reina regrese con sus dragones.

Tras tres libros a cada cual mejor, la historia llegó a un punto de no retorno, finalmente veíamos hacia donde quería llevar Martin todo lo que había creado y los volúmenes siguientes se anunciaban como explosión de todo lo que se nos había contado.

Pero, en su momento, Martin reconoció, que tenía la historia pensada para una longitud de cinco libros, que posteriormente se extendería a siete (en parte justificados por el éxito de la saga). Confesaba que su idea inicial iba a ser dar un salto en el tiemnpo de varios años en el que volvería a recoger a los personajes para continuar con sus andaduras. Pero viendo que ahora tenía lectores asegurados, decidió no dar ese salto y contarnos ese periodo de tiempo. Según sus palabras no quería que el lector se sintiese engañado al ver como un personaje había evolucionado de una u otra manera.

Lo que en principio podía ser interesante, finalmente se ha confirmado como una mala idea. Festín de cuervos, cuarta novela que vió la luz hace ya cinco años fue todo una decepción. Parte de la culpa la tuvo que Martin decidiese dividir los personajes que tenía y reservarse la mitad de ellos para un libro y la mitad para otro. En Festín nos encontramos con algunos de los más flojos (que no malos personajes), algo que no tendría que haber sido negativo si no fuese porque se limitó a llevarlos de un lado a otro de Poniente sin hacer realmente nada con ellos. 700 páginas en las que asistimos a conspiraciones, batallas y búsquedas que bien se podían haber relatado en 400. Cierto que esto también sirvió para hacernos la idea de como era la vida en Poniente tras dos años de guerras civiles que habían dejado arrasado el continente, pero aún así, no justificaba su extensión.

Esta decepción sólo se consideró un bache y las esperanzas quedaron puestas en A Dance With Dragons. El quinto volumen relataría las aventuras de la otra mitad de los personajes, aquellos que no se encontraban en Poniente y esto ya era de por si, más sugerente. Pero la espera, que debía haber sido de un par de años, se alargó hasta cinco, se ve que Martin se atascó con la novela y aunque finalmente consiguió tirar para adelante, el resultado no ha sido el esperado.

A Dance With Dragons es la otra mitad de Festín de cuervos y por desgracia tiene las mismas cosas buenas y las mismas malas que la cuarta novela. Tenemos a la otra mitad de los personajes dando vueltas de un lugar a otro, abriendo nuevas tramas de las cuales, muchas terminan por no ir a ningún lado y, lo que es peor, presentándote nuevos personajes. Cuando tienes la obligación de dividir el siguiente libro de tu saga literaria en dos por un exceso de protagonistas ¿a cuento de qué te dedicas a meter nuevos?

A Dance With Dragons son todo promesas y ese es su gran problema. Tras terminar Tormenta de espadas uno sabe hacia que punto se tiene que dirigir la historia, sabe que Dany es uno de los centros de la trama, que el muro es otro y que Desembarco del rey es la tercera punta de este triángulo. El lector es consciente de ello y sólo quiere llegar al momento en en que finalmente explote lo que se ha ido construyendo en estos tres puntos. Por desgracia, A Dance with Dragons es un continuo retrasar este momento, un frustrar las expectativas del lector y un liar la trama de forma innecesaria.

Es cierto que no faltan los momentos marca de la casa, hay revelaciones inesperadas, cliffhangers con los que caerse al suelo y grandes capítulos que se leen sentado al borde de la silla. Sus personajes continúan siendo magníficos, repletos de dobleces y con una gran profundidad psicológica. Gracias a esto, uno puede leerse sin gran pesadez sus mil páginas. La prosa de Martin continúa siendo muy efectiva, variando dependiendo del punto de vista que nos esté relatando y pese a su detallismo, no resulta exasperante. E incluso, llegado el último tercio del libro, enlaza con Festín de cuervos y nos desvela el destino de algunos personajes que había quedado en vilo.

Si uno se mentaliza de que este libro también es de transición (y así ya sumamos un tal de 1800 páginas de personajes dando vueltas...)  no se espera un clímax final, ni que la trama de los Otros o de los dragones llegue a despegar, y se disfruta del camino, gustará.

Por mi parte, empiezo a mirar escéptico la saga y comienzo a temerme que a Martin se le haya ido de las manos ese tapiz tan inmenso que ha dibujado. Todas las miradas quedan ya en The Winds of Winter donde toda la historia debe explotar definitivamente. Sólo quedan dos volúmenes y ya no hay tiempo de ir guardándose las cosas para más adelante.

(Si ya sabes quién no cesa de preguntarse 'Where do whores go?' puedes seguir, si no, espera a leer este libro)

A Dance Of Dragons ha avanzado poca cosa, pero ha tenido grandes momentos. La reaparición de Theon fue toda una sorpresa y sus capítulos de los mejores del libro. El viaje de Bran también dió algunos de los mejores episodios, como esa aparición de los Otros que me hizo temer por la vida de unos cuantos.

Toda la trama de Danny sólo me ha producido frustración. Su destino no está en Mereen sino en Poniente, todas las intrigas en la ciudad sólo hacían retrasar lo que llevamos cuatro mil páginas esperando. La aparición del dragón fue uno de los momentos cumbres que por desgracia no es del todo aprovechado. Toda la batalla en la ciudad de Meeren queda relegada al sexto libro, al igual que el papel que seguramente vaya a jugar Victarion.

No hablemos de los personajes Dornienses, cuya única finalidad ha sido soltar a los dragones ¿De verdad? ¿Tanto rollo para eso? Y que decir del nuevo Targaryen aparecido. ¿Era necesario OTRO aspirante más al trono?. Por no hablar de Tyrion, otro que no ha parado de dar vueltas de un lado a otro y ni siquiera se ha llegado a encontrar con Dany.

El periplo de Stannis ha sido otra de las grandes decepciones de la novela, si es cierto lo que nos anuncian en el último capítulo, mucho rollo para saltarse esta importante batalla con una elipsis tonta. Y Jon, por su parte, haciendo tratos en el muro con los salvajes. Era intersante su historia, pero no se han dignado a mostranos a Los Otros. La amenaza está tras el Muro, todos lo sabemos, ¡pero que se manifieste de una vez!

Ahora mismo se han marchado con unas cuantas sorpresas ¿qué será de Jon? ¿Estará muerto realmente?¿Se salvará por su naturaleza de cambiaformas? ¿Y de Arya? Me intriga tanto el destino de este personaje ¿Y Varys? Ahora ha vuelto a liarla más. Y sí, es cierto, su regreso ha sido una sorpresa, pero da mucha pereza que intenten poner a otro rey en el trono ¿Y Tyrion? Quiero que finalmente se una a Danny. En fin, muchas tramas abiertas que esperemos que Martin sea capaz de manejar, por ahí andan Samsa y Meñique, Jamie y Brienne desaparecidos, Davos, Melissandre, Asha, Theon, Bran ¿y Rickon?, me da a mi, que Winds of Winter no bajará de las 1100 páginas.

Esos placeres culpables

Dando un repaso a las series que estoy viendo esta temporada, me doy cuenta de que unas cuantas entrarían en la categoría de 'placeres culpables', programas que te avergüenzas de ver y que objetivamente sólo tienen cosas malas. Pero si son así ¿por qué los disfruto tanto? Y lo que es peor ¿por qué no paro de recomendarlos? Mucha gente los justifica con un "es que así no pienso", pero yo no diría eso. Los disfruto intelectualmente, aunque a otros niveles, ya sea por sus atrevimientos narrativos, por su falta de vergüenza o simplemente, saciar la curiosidad ante la siguiente sorpresa que los guionistas se hayan reservado (aunque no tenga mucho sentido).

He tenido la oportunidad de colaborar en el estupendo podcast de MissMacguffin y Critico en serie, Yo disparé a JR, comentando dos de los estrenos que más he disfrutado esta temporada: The Secret Circle y The Vampire Diaries. A la pregunta de Marina sobre como recomendaría la serie de los vampiros, lo primero que me vino en mente fue lo negativo. Pero posteriormente, me di cuenta que si la serie sólo tuviese actores malos y guiones sosos, la habría abandonado hace mucho (como por ejemplo hice con 90210, repetidas veces). The Vampire Diaries es el mejor culebrón que en estos momentos tenemos en antena, una historia que no cesa de avanzar sin perder su propia coherencia interna. Un programa que nos malacostumbra a construir cada cinco episodios un clímax que cualquier otras serie se reservaría para su final de temporada. Es un programa que ha crecido y que, en contra de todo pronóstico, ha terminado por dar vida a una serie de personajes que han llegado a interesarnos.

Justificar The Vampire Diaries es fácil, pero ¿The Secret Circle? ¿Por qué es una de las pocas series que llevaba al día? Es cierto que tiene un reparto masculino pésimo y la química entre todos los personajes es inexistente. ¿Entonces? Pues porque narrativamente está siguiendo el mismo camino que los vampiros de Mystic Falls a la hora de quemar tramas, matar gente y presentar familiares aparecidos de la nada. Aceptamos las normas y las licencias que se toman (¿aquí nadie va a clase? ¿una fiesta cada semana? ¿Qué edades tenían los padres de los protagonistas cuando los concibieron?), pero por ahora son todo promesas. Disfruto más intuyendo lo que está por venir, que con lo que por ahora nos están contando. Esto va a ser válido durante un tiempo, si finalmente no cumplen con lo prometido, ahí se quedarán.

Ringer es más fácil de defender. Pura comedia surgida de la ineptitud de todos los que están involucrados en ese proyecto. Definitivamente, los que ahí trabajan piensan que están haciendo una buena serie y en especial su protagonista y productora ejecutiva Sarah Michelle Gellar. Una serie donde todo vale, en la que la falta de complejos y un continuo tirar para adelante evitan que haya tiempo para aburrirnos. Todavía tengo pendiente hablar de ella en 'profundidad' cuando haya llegado a su fall finale.

Revenge es otro de los culebrones de la temporada, pura filosofía 'Los ricos también lloran' exprimido al máximo con una zorra vengativa que ha decidido hundirles la vida. Si uno la mira objetivamente, esta serie no hay por donde sostenerla, ni su protagonista ni su venganza cogida por los pelos. Reconozcámoslo, nos exige todo un salto de fé que, eso sí, nosotros damos encantados con tal de ver sufrir a Madeleine Stowe. Revenge es la película de Antena3 sábado mediodía definitiva. Perfecta para hacer disfrutar nuestro lado más maligno sin tener que ir apuñalando por ahí a nadie.

Con este post busco justificar el empleo de esos cuarenta minutos como algo más que una pérdida de tiempo. No pongo el piloto automático al verlas y ante todo, no pierdo la perspectiva, sé lo que estoy viendo y en ningún momento las igualaré, por ejemplo, a Homeland. Pero no por ello dejaré de recomendarlas, si lo que se busca es una mitología a la que engancharse, gente guapa, un punto camp y tramas continuas que rehúyan del formato 'monster of the week', estas series son la elección perfecta. 

Y ahora, ¿cuáles son esos placeres culpables que no os cansáis de recomendar?

REVENGE: La maldad hecha serie

La venganza es destructiva, consume al que la lleva a cabo y al final no conduce a nada bueno. Revenge lo sabe, y la cita con la que abre la serie deja muy claro por dónde van a ir los tiros: "Antes de embarcarte en un viaje de venganza, cava dos tumbas". Revenge es una serie sobre el mal, coge un concepto y lo convierte en leitmotiv, el personaje protagonista sólo se mueve en torno a ello y el resto sufrirán las consecuencias, girarán a su alrededor e intentarán salir inidemnes. Al menos, mientras Amanda Clarke no ponga los ojos sobre ellos, en el momento en que lo haga, estarán perdidos.

Revenge es una serie malvada y turbia, es una telenovela situada en los Hamptons, de imagen muy luminosa y limpia, donde abundan los escenarios blancos y los cielos azules, todo ellos escondiendo una profunda podedumbre moral que amenaza con ahogarlos a todos. Emily Van Camp no es un ángel justiciero, sino un ser vengativo, consumido por el odio que justifica sus acciones como retribuciones a un crimen que no ha sido castigado.

Ver Revenge es enfrentarse a cuarenta minutos en los que contemplamos como a alguien le arruinan la vida. Pero es entretenido, cuando esta es gente rica y malvada, todos lo disfrutamos. Y más en la situación económica actual, todos somos Amanda Clarke (o Emily, como prefiráis llamarla) y disfrutamos con cierto regustillo sádico que a una rubia la exilien de su vida social en los Hampton (que horror, oiga!).

Lo que hasta el momento me parecían pegas de la serie han pasado a convertirse en aciertos. La inexpresividad de Emily Van Camp ha sido su mayor aliado a la hora de construir un personaje inquietante y más salvaje de lo que en principio parecía. No es una alegre joven de veintitantos, sino una persona dañada dispuesta a destruir todo lo que se pone en su camino. Sus sonrisas y sus miradas turbias empiezan a producir terror. Si te pones en su camino, prepárate.

Su estructura autoconclusiva de los primeros episodios resultaba curiosa, con esa especie de subgénero que había creado, el procedimental de la venganza: en cada episodio arruinamos una vida. Cuando finalmente adopta la naturaleza serial que la historia exige, termina por despegar. El problema ya no van a ser si los malvados sucumben a la venganza, sino que los daños colaterales se les vayan de las manos. Amanda Clarke lo deja claro, para llevar a cabo su venganza, no se detendrá ante nada.

Y como buena venganza, tenemos a una némesis a la altura. Victoria, interpretada por una Madeleine Stowe que se acerca a algunas de las grandes zorras que hemos visto en televisión ultimamente, como son Atia de los Julios en Roma o más cercana, Lucy Lawless en Spartacus. Mujeres maduras que harán lo que sea por preservar sus intereses, ya sea fortuna o familia (normalmente ambas cosas van unidas). Los mejores momentos de Madeleine Stowe son sus silencios, sus miradas afiladas y sus falsas sonrisas. Sus amenazas acompañadas de un abrazo y un par de besos al aire o una sentencia transmitida con un breve cambio en la mirada.

Revenge está enseñando sus cartas y parece indicarnos que este no va a ser un camino amable y mucho menos una historia de redención. Prometen ir hasta el final y esperamos que no hagan concesiones, la serie se va revelando como un relato oscuro en el que todo sólo puede terminar mal. Y por ahora, ahí estaré yo para contemplarlo.

Las mejores temporadas de la televisión

Uno de los grandes problemas de las series es que al estructurarse en temporadas, normalmente de entre 13 y 22 episodios, deben de ser capaces de mantener un nivel, sin acusar bajones, pese a contar con episodios de relleno o correr el peligro de que las líneas argumentales se les pierdan. Por esto, es difícil encontrarse con temporadas redondas, pero las hay: aquí va una selección de esas temporadas que me han parecido modélicas desde su primero hasta su último episodio.

MUJERES DESESPERADAS: 1ª temporada 
La presentación de esta serie, con un piloto excepcional, fue el pistoletazo (nunca mejor dicho) de salida de una de las series más emblemáticas de la hornada del 2004. Cuatro amas de casa, muy diferentes entre sí, que pese a todo son amigas. Y ¿qué hizo a esta temporada tan excepcional? Su magnífica mezcla de elementos: comedia negra, drama y misterio. Todo perfectamente imbricado, de una manera que no han sabido repetir. El misterio de Mary Alice afectaba a las cuatro protagonistas de cerca y encajaba de forma orgánica en la filosofía de la serie. Posteriormente, nuevos vecinos con secretos llegaron, pero sus misterios o estaban mal llevados o no encajaban como debían en la serie. ¿Por qué se suicidó Mary Alice? Esta pregunta planea sobre la serie durante todo su primer año y sirve para redondear 22 episodios magníficamente escritos, con un casting acertadísimo y un toque oscuro que daba una vuelta de tuerca más al papel del ama de casa.

BREAKING BAD: 3ª temporada 
Esta tanda de trece episodios se acerca bastante a la perfección televisiva. Es el manual de como generar y mantener una tensión sostenida, cada vez más insoportable. Como ir hundiendo a tu personaje protagonista en un pozo moral y como en ese descenso, va arrastrando consciente e inconscientemente a quienes les rodean. Hay dos puntos álgidos en esta temporada, su clímax a mitad de temporada, con diez minutos de tensión insostenible y su cierre, modélica conclusión de una temporada que deja abierta una pregunta: Walt parece haber tocado fondo ¿lo hará también Jessie?

A DOS METROS BAJO TIERRA: 1ª temporada 
La temporada que nos da a conocer a los Fisher, es una de esas maravillas que de vez en cuando nos regala la televisión. Con la resaca de American Beauty, Allan Ball nos trajo un nuevo retrato de la familia americana, disfuncional, neurótico y cínico. Una visión ácida y destructiva de los lazos que nos unen, tanto entre nosotros, como con la vida, representado en un plantel de personajes a cada cual más fascinante, aunque algunos de ellos pudiesen resultar algo opacos al espectador. En temporadas siguientes se perdió parte de ese elemento sorpresa y su su ironía, cruel en algunas ocasiones, dejando lugar a un tono más culebronesco, que sobre todo se hizo patente a partir de su tercer año. Eso no quita que estos primeros trece episodios sean dignos de enmarcar con esta nueva vuelta de tuerca al drama familiar en televisión.

THE SHIELD: 5ª temporada 
The Shield es una continua huida hacia adelante, un escapar sin nunca mirar atrás en la que se salvan los muebles sólo de milagro. Esta carrera de nuestros protagonistas tiene algún tropiezo y se encuentra con más de un bache. En este caso, encarnado en el personaje interpretado por Forest Withaker que pondrá a Vic Mackey y a su equipo contra la pared de una forma en la que nunca nadie lo había hecho. Y claro, bajo esta presión, las cosas no salen como se supone que deberían. De nuevo, nos encontramos ante una magnífica construcción de la tensión, sólo que a diferencia de Breaking Bad, donde la mantienen, aquí va aumentando a cada capítulo. La quinta temporada es un auténtico tour de force, una carrera sobre una cuerda cada vez más tensa, que tendrá que romperse por algún punto. Su conclusión y cierre dejan al espectador clavado a la butaca, de una manera que pocas series consiguen y arrastra a la historia a su inevitable y último acto.

THE WIRE: 4ª temporada
 Ya es sabido que cada temporada de The Wire hay que afrontarla como si de una novela se tratase, con sus episodios introductorios, su nudo, un desenlace y un epílogo. Algunas temporadas funcionan mejor y otras peor, como por ejemplo sucede con la tercera, que no aprovecha del todo los elementos que pone sobre la mesa. En cambio, con su cuarto año, The Wire construye su mejor temporada, centrándola en la educación y en los niños, construye un relato descorazonador, donde la esperanza intenta hacerse un hueco para terminar fracasando estrepitosamente. Curiosamente, en estos episodios, mucho de los protagonistas de la serie apenas salen, para dejar hueco a personajes hasta el momento más secundarios y traernos a otros nuevos. Si normalmente se suele decir que The Wire es una de las mejores series que se han hecho por televisión, ya podéis imaginaros como debe ser su mejor temporada.

ANATOMÍA DE GREY: 2ª temporada 
Puede resultar un poco extraño encontrar a Anatomía de Grey entre pesos pesados como The Wire o Breaking Bad, pero su segunda temporada fue redonda, siempre teniendo en cuenta el tipo de serie que era. Tras una primera de 9 capítulos, Shonda Rhimes se enfrentó a un segundo año que iba a contar con 27 episodios, una barbaridad, tanto por el ritmo de producción, como creativamente. Si normalmente en las temporadas de 22 capítulos se notan bajones, en este caso, era de esperar mucha irregularidad. Y por alguna razón, todo lo que podía salir bien, salió perfecto. La química entre todos los personajes (no sólo amorosa, sino también amistosa) y uno de los nuevos fichajes, el personaje de Addison, que simplemente debía ser la antagonista de la historia tuvo un impacto mucho más positivo del esperado. Además, los diferentes casos de cada episodio funcionaron como un reloj apostando por un tono más suave que en Urgencias, pero también más emocional. Anatomía de Grey era melodrama, pero muy bien ejecutado, con una gran banda sonora y personajes entrañables (que con el paso de los años han convertido en antipáticos). Algunos highlights como el episodio de In to you like a train, nos fueron llevando por una temporada, que tuvo un climax en la relación Izzie/Danny repleta de esos excesos tan propios de Shonda (y que lamentaríamos más adelante), pero que en ese momento fue la guinda para una serie que se había convertido en uno de los mayores éxitos de la cadena sin apenas darse cuenta. Su última escena, con la música de Snow Patrol y el personaje de Álex llevando a una destrozada Izzie ya ha pasado a formar parte de la historia catódica.

WEEDS: 2ª temporada  
 A lo largo de su trayectoria, Weeds ha destacado por ser bastante irregular. Ha tenido grandes temporadas y otras que han sido una completa pérdida de tiempo (como por ejemplo la quinta). Pero en sus comienzos, fue una serie magnífica. Pasada la temporada de presentación y con los personajes y el tono asentado, el segundo año de las desventuras de Nancy Botwin exprimieron lo mejor de la fórmula: un humor muy cínico, personajes bastante reprobables pero divertidos de ver y una magnífica construcción del suspense, conviritiendo a Nancy en la reina de los malabarismos (traficante prometida con agente de la DEA). Todo funcionó a la perfección y su recorrido fue impecable, concluyendo con el cliffhanger más salvaje que se ha podido ver en televisión (los habrá habido más impactantes, pero no tan excesivo). La serie de Jenji Kohan demostró que este nuevo formato del drama (dramedia) de veinte minutos, también tenía muchas posibilidades.

Hasta aquí el repaso, me dejo alguna en el tintero, como la primera de Perdidos, la sexta de Buffy Cazavampiros o la segunda de 30 Rock. ¿Estáis de acuerdo con estas temporadas? ¿Qué otras añadiríais vosotros? Libres estáis de continuar este post en vuestros blogs.

De aventuras, criadas y robots


Se dice que el cine está para hacernos soñar, para durante dos horas hacernos olvidar nuestras vidas y pasarlo de nuevo como niños pequeños a los que se cuenta un cuento. Esta es la filosofía que se respira tras Las Aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio, una película que te hace sentir como ese niño de ocho años, que es capaz de maravillarte y entretenerte y que en cierto modo es como una atracción de un parque temático. Sabe aprovechar el 3D para introducirte en la aventura y arrastrarte con movimientos de cámara imposibles a través de secuencias tan espectaculares como las del abordaje del barco o la huida en el sidecar. Ese es su gran acierto, pero también su mayor pega. Es una película para niños y si le pides algo más, no lo hay. Su guión es más una excusa, y además no del todo bien manejada, con mucho diálogo explicativo durante su primera mitad y casi inexistente en la segunda. Si no se le pide más que dos horas de entretenimiento, la película es muy efectiva. Pero no hay nada más, lo que no es poco, ya querrían muchas películas ser la mitad de entretenidas que Tintín.


El año pasado se llevó el Oscar la película El discurso del rey, era un film correcto, con ritmo, divertido y bien llevada, pero sin riesgo alguna. Esto no es malo y ya podrían tener todas las películas ese nivel medio, pero molestó que frente a apuestas más arriesgadas, como La Red Social, la película protagonizada por Colin Firth se hiciese con el galardón. Con Criadas y señoras (The Help) sucede algo similar, es una buena película, con un guión correcto y el ritmo adecuado que consigue que sus dos horas y medias se pasen sin apenas darte cuenta. Una película sobre el racismo en los años cincuenta, contada con amabilidad, un poco de humor y unas gotas de drama. Con un reparto femenino delicioso y una historia bienintencionada que agradaría tanto a tu madre como a tu abuela. Sin grandes aspavientos y muy correcta. Una de esas películas en las que quieres que todo salga bien y donde realmente no cabría otra cosa. Con esto quiero decir, que sin pasar a la historia, merece ir al cine a verla, ya que al terminar te deja con una sonrisa (y con unas cuantas lágrimas, si eres de los que se emocionan facilmente). 


Eva ha sido toda una sorpresa dentro del panorama del cine español. Por desgracia, su estreno en la misma semana que las dos películas comentadas anteriormente la han llevado a estrellarse en taquilla, y a la vista del resultado, no se lo merecía. Eva es ciencia ficción, en la que el género es algo más que una metáfora (a diferencia de lo que sucedía en Another Earth o Melancholia) y sirve como medio para relatarnos una historia de asuntos pendientes y proyectos que necesitan ser terminados. Destaca, casi como si se tratase de un personaje más, una ambientación muy acertada en un pueblo nevado, en el que se combina la tecnología robótica más avanzada con escenarios rurales. La utilización de los efectos especiales es muy acertada y va más allá del mero lucimiento para construir algunas secuencias muy hermosas (como la construcción de los esquemas emocionales del robot). Sensibilidad, un poco de humor y escenarios nevados para segundas oportunidades, una propuesta estimulante y distinta a lo que estamos acostumbrados a ver aquí. También diferente a lo que esperaba ver (aunque no para mal) y que al terminar, te deja una frase grabada a fuego:

¿Qué ves cuando cierras los ojos?

AMERICA IN PRIMETIME 1x01: La mujer independiente

America in Primetime es una miniserie documental que cualquier seriéfilo no debería perderse. Analizando la evolución de ciertos arquetipos en la ficción televisiva se observa cómo ha evolucionado la sociedad americana a lo largo de los últimos cincuenta años. A través de entrevistas a guionistas, showrunners y actores nos van explicando como estos roles van mutando con el paso del tiempo y como son, a la vez reflejo de una sociedad y motor que impulsa el cambio.

El primero de los capítulos está dedicado a la mujer independiente. Es un repaso a la evolución de las mujeres en la ficción televisiva, remontándose a esas perfectas esposas de los años 50, que esperaban al marido y lo consideraban centro de su universo. Más allá de lo falso e impostado de estos modelos, me ha parecido curiosa la frustración que estas figuras despertaban en otras mujeres, porque es cierto ¿quién iba a estar a la altura de estas perfectas madres y esposas, constantemente sonrientes y de paciencia infinita?.

El cambio social fue a la par del televisivo, trayéndonos a la icónica The Mary Tylor Moore Show, una mujer casada, pero trabajadora e independiente, paradigma de una época. El repaso también echaba un vistazo a Murphy Brown o la imperfecta Roseanne, verdadero preludio de las Mujeres Desesperadas. La última frontera, Sexo en Nueva York y la mujer independiente y sexualmente activa que además no se avergüenza al hablar de ello. Anatomía de Grey y sus mujeres profesionalmente triunfadoras o la autodestructiva enfermera Jackie son las mujeres actuales. Imperfectas, por el simple hecho de ser humanas, superando la etiqueta de mujer para definirse por otras características, que además, no siempre están abocadas a un happy ending.

Muy interesante la reflexión sobre como la figura de la madre no tiene que ir obligatoriamente relacionada con valores positivos. Y pone de ejemplo (el mejor que se podía poner) a la nociva Nancy Botwin y su irresponsabilidad para con su familia. También la reflexión de Shonda Rhimes, sobre como en el fondo, Anatomía de Grey es la historia de amor entre dos amigas, Meredith y Christina, dos personas que a la hora de elegir entre amor y la realización profesional, no dudan en decantarse por esto último.

Es curioso este documental, ya que también nos sirve para poner cara a muchas de las personas que están detrás de las mejores series de los últimos años. Llamativo me ha parecido el caso de las dos responsables de Nurse Jackie, que físicamente recordaban bastante a su personaje protagonista. De nuevo os lo recomiendo, serán un total de cuatro episodios que también abarcarán la evolución del rol del hombre en el hogar, el inadaptado y el 'cruzado'.

ONCE UPON A TIME: Érase otra vez la misma historia

Reconozcámoslo, Once Upon a Time recuerda a uno de esos 'Grandes Relatos' que emitía Telecinco hace unos años, con ese enfoque familiar y un mundo fantástico recreado con unos efectos especiales más propios de un juego de la Nintendo 64. Esto no tiene porque ser malo, simplemente fue lo primero que me vino a la mente conforme veía el segundo episodio. Pero no nos adelantemos, primero una introducción para despistados: Once Upon A Time nos cuenta cómo, tras una terrible maldición conjurada por la bruja del relato de Blancanieves, todos los personajes de cuentos infantiles son exiliados a un pueblo en nuestro mundo, olvidando quiénes son y a la espera de que llegue alguien y los traiga de vuelta. Obviamente, nuestra protagonista, Jennifer Morrison tendrá esa misión, ayudada por el hijo que dio en adopción y por una desmemoriada Snow White, tendrá que vencer a la malvada bruja y liderar el enfrentamiento definitivo.

Once Upon A Time ha sido uno de los últimos estrenos de esta temporada y de primeras no lucía especialmente bien. Esa mezcla de cuentos y realidad recordaba molestamente al cómic Fábulas de Bill Willingham, que narra una historia muy similar, y visualmente lucía muy chapucera. Todas estas impresiones no desaparecen tras ver los dos primeros capítulos, pero reconozco que ese punto entrañable e inocente conecta con nuestro lado más infantil. Estamos hablando de nuevo de heroínas, príncipes encantadores y lo que es mejor, malvadas brujas tomando té mientras se intercambian horribles maldiciones. Es una serie familiar, inocente y bien intencionada. Fantasía cercana y reconocible, con personajes que no resultan ajenos al público para que este no huya en estampida.

En un punto en el que las adaptaciones cinematográficas de Blancanieves son la última moda, la televisión no podía quedarse atrás. Pero curiosamente, no hay una adaptación de la historia a nuestros códigos contemporáneos, sino que se mantiene localizándola en otro punto. Y quizás es esto lo que puede despistar, realmente nos vuelven a contar el mismo cuento, con el mismo tono edulcorado tan propio de Disney. Quien busque una reescritura actual, oscura y metafórica de los tiempos que corremos, se sentirá decepcionado, porque aquí no va a encontrar nada de eso. Esto es pura fantasía escapista, cuentos de hadas en el primetime renovados con la coartada de situarlos en un pequeño pueblo de Estados Unidos.

Once Upon A Time es ligera y agradable, con una mitología a la que sacar partido y la posibilidad de reinterpretar el imaginario colectivo sin grandes divagaciones filosóficas. Un pequeño y agradable pueblo, vecinos que se conocen entre ellos y simbolismos muy poco sutiles. Mientras mantenga ese espíritu naif y la historia no se estanque, esta va a pasar a ser, la serie simpática de la semana.