Y es que, al igual que el espectador, me da la impresión de que en Starz no se imaginaban que iban a poder contar con un proyecto así, vamos, que ni en sus mejores momentos habrían soñado con dar el pelotazo creativo que suponía esta serie. Pero vayamos por partes. Boss es un drama que gira sobre Tom Kane, alcalde de Chicago al que le han diagnosticado una enfermedad degenerativa. El piloto nos presenta su día a día, sus reuniones, su equipo e incluso su familia. Todo con un aroma que recuerda a grandes series como The Wire o Los Soprano. Para que esto funcione se han juntado varios elementos que han combinado a la perfección: actores, guión y dirección. Su protagonista es lo suficientemente carismático como para poder llevar el peso de la serie, que en este caso es Kelsey Grammer, conocido por Frasier, en un personaje que se sitúa a las antípodas del neurótico psiquiatra. Por suerte, no todo depende de él y lo poco que hemos visto del círculo que rodea al alcalde también convence. De entre todos, reconozco que tanto su secretaria como su esposa me han llamado especialmente la tensión.
Pero unos buenos actores no serían nada sin un buen guión y en este caso, eso no falta. Denso e inteligente, reconozco que exigió mi atención al completo para no perderme ninguno de los detalles. En principio, no parece haber intención de tratar al espectador como si fuese idiota y eso es algo de agradecer (aunque esto también requiera un mayor esfuerzo por nuestra parte). Y para terminar, lo que redondea el primer capítulo, es la magnífica combinación de todos los elementos que hace Gus Van Sant, director de este episodio. Eleva el capítulo por encima de la media con recursos poco habituales en televisión y nos regala algunas secuencias artísticamente sobresalientes. Instantes o miradas exageradas al detalle, liberadores polvos en el descansillo de la escalera en los que el tiempo parece detenerse o un certero vistazo a la historia de una ciudad, en definitiva, una serie de toques propios de un director que sabe lo que hace (y lo hace bien) que nos han dado el que posiblemente sea el piloto de la temporada.
Como ya he dicho, Starz no debe creerse lo de tener entre manos algo tan bueno y ya renovó la serie por una segunda temporada sin haberla comenzado ni siquiera a emitir. Esto además da confianza, ya que da a entender que el nivel no bajará mucho cuando no sea Gus Van Sant quien esté tras la cámara. Pese a su calidad, algún que otro desliz le critico, principalmente centrado en el personaje de la hija. Ahí pude ver ese tono tan de cadena de cable, donde la incorrección política es un fin en si mismo y que Showtime convirtió en lema durante unos años. Todo lo que rodea a ese personaje me pareció pura impostura, ganas de escandalizar y una salida de tono, dentro de un episodio muy medido que supo manejar el resto de temas con muy buena mano. Esperemos que esa trama no se les escape y empañe una serie que puede llegar alto.
En estos momentos HBO debe estar muerta de envidia. Ahora sólo queda ver si el público de Starz, no muy acostumbrado a sutilezas es capaz de apreciar esta serie, y si ésta, es capaz de mantenerse.



















