Ver series de televisión es una afición y como tal se hace para divertirse. Pero hay series de todo tipo y calidades y cuando este hobby te lleva a devorar entre diez y veinte series semanales parece ser algo un poco más serio. Y al igual que ocurre con el cine o la literatura, entre tanto material hay lugar para clásicos y programas imprescindibles para el aficionado. Imprescindibles para entender como hemos llegado a las series que ahora tenemos o para disfrutar de las mejores creaciones televisivas que están teniendo lugar en estos momentos.
Series como Oz, Los Soprano, A dos metros bajo tierra o Sexo en Nueva York deberían ser conocidas por los hard fans de esto de la televisión, un poco como 'bagaje cultural' que permita entender programas posteriores como Mujeres Desesperadas o Mad Men. Pero muchas veces, reconozcámoslo, la pereza nos puede.
Los Soprano puede ser la mejor serie que se ha hecho en televisión, pero abordarla sabiendo que tiene seis temporadas por delante con episodios de entre 50 y 60 minutos es algo que puede echar atrás en un principio. Por mi parte, he hecho un esfuerzo en ir viendo algunas de estas series, reconociendo, a mi ritmo, que su estátus de clásico era merecido.
Algunas me engancharon y convirtieron en fiel seguidor, como me sucedió con The Wire, y otras me costaron un poco más y que si bien no me atraparon incondicionalmente, si pude reconocer su calidad, como por ejemplo me sucedió con Los Soprano o Mad Men.
Todo esto viene a que en el puente de Diciembre he aprovechado para finiquitar la tercera temporada de la serie de Don Draper, haciendo un hueco entre tanta CW y buscando un poco de excelencia televisiva. Le he echado ganas y he podido completar esta serie de episodios, que a diferencia de años anteriores, se me han hecho muy cuesta arriba. Y reconozco, que si hice el esfuerzo, sólo fue por su carácter de clásico instantáneo.
Mad Men nunca se ha caracterizado por sus tramas frenéticas, pero aún así, el ritmo de este tercer año ha sido excesivamente contemplativo. Había una serie de temas que se insinuaban a lo largo de los episodios, que se iban construyendo poco a poco, pero que dejaban a los capítulos faltos de gancho, por ausencia de algo a lo que agarrarse. Llegado un punto decidí que si la cosa no mejoraba, me bajaba de la serie al final de la temporada. Sería un clásico, pero quizás no estaba hecho para mi.
Pero hay que reconocer que Weiner sabe recompensar al espectador y todo lo que se ha ido plantando a lo largo de la temporada, todas esas escenas que en principio sólo parecían estar para extender el episodio hasta sus cuarenta y cinco minutos cogen un sentido y precipitan la serie en sus dos últimos capítulos a una carrera a la que no nos tienen acostumbrados.
En la tercera temporada de Mad Men no sucede nada hasta el final, pero cuando finalmente ocurren cosas, dinamitan los cimientos de la serie. Y no hay nada que se agradezca más, teniendo en cuenta el ritmo que normalmente se gastan. Ese 'Sit down. Close the door' me han renovado la fé en Mad Men y ahora no puedo esperar a empezar con su cuarto año, que se promete cuanto menos, movido.







1 lectores han dicho:
Con Los Soprano es verdad que aunque me gusta bastante y estoy disfrutando con su segunda temporada, no soy un fan incondicional ni creo que lo vaya a ser.., cosa que si soy de Mad Men, porque a pesar de que a nivel general la tercera temporada es la peor de todas e incluso un poco aburrida además de cogerle ya cierta manía a Betty, tiene capitulos maravillosos como el de italia. La cuarta temporada es genial, yo me la devoré este verano y ya estoy deseando que llegue la quinta.
Un saludo!
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