La venganza es destructiva, consume al que la lleva a cabo y al final no conduce a nada bueno. Revenge lo sabe, y la cita con la que abre la serie deja muy claro por dónde van a ir los tiros: "Antes de embarcarte en un viaje de venganza, cava dos tumbas". Revenge es una serie sobre el mal, coge un concepto y lo convierte en leitmotiv, el personaje protagonista sólo se mueve en torno a ello y el resto sufrirán las consecuencias, girarán a su alrededor e intentarán salir inidemnes. Al menos, mientras Amanda Clarke no ponga los ojos sobre ellos, en el momento en que lo haga, estarán perdidos.
Revenge es una serie malvada y turbia, es una telenovela situada en los Hamptons, de imagen muy luminosa y limpia, donde abundan los escenarios blancos y los cielos azules, todo ellos escondiendo una profunda podedumbre moral que amenaza con ahogarlos a todos. Emily Van Camp no es un ángel justiciero, sino un ser vengativo, consumido por el odio que justifica sus acciones como retribuciones a un crimen que no ha sido castigado.
Ver Revenge es enfrentarse a cuarenta minutos en los que contemplamos como a alguien le arruinan la vida. Pero es entretenido, cuando esta es gente rica y malvada, todos lo disfrutamos. Y más en la situación económica actual, todos somos Amanda Clarke (o Emily, como prefiráis llamarla) y disfrutamos con cierto regustillo sádico que a una rubia la exilien de su vida social en los Hampton (que horror, oiga!).
Lo que hasta el momento me parecían pegas de la serie han pasado a convertirse en aciertos. La inexpresividad de Emily Van Camp ha sido su mayor aliado a la hora de construir un personaje inquietante y más salvaje de lo que en principio parecía. No es una alegre joven de veintitantos, sino una persona dañada dispuesta a destruir todo lo que se pone en su camino. Sus sonrisas y sus miradas turbias empiezan a producir terror. Si te pones en su camino, prepárate.
Su estructura autoconclusiva de los primeros episodios resultaba curiosa, con esa especie de subgénero que había creado, el procedimental de la venganza: en cada episodio arruinamos una vida. Cuando finalmente adopta la naturaleza serial que la historia exige, termina por despegar. El problema ya no van a ser si los malvados sucumben a la venganza, sino que los daños colaterales se les vayan de las manos. Amanda Clarke lo deja claro, para llevar a cabo su venganza, no se detendrá ante nada.
Y como buena venganza, tenemos a una némesis a la altura. Victoria, interpretada por una Madeleine Stowe que se acerca a algunas de las grandes zorras que hemos visto en televisión ultimamente, como son Atia de los Julios en Roma o más cercana, Lucy Lawless en Spartacus. Mujeres maduras que harán lo que sea por preservar sus intereses, ya sea fortuna o familia (normalmente ambas cosas van unidas). Los mejores momentos de Madeleine Stowe son sus silencios, sus miradas afiladas y sus falsas sonrisas. Sus amenazas acompañadas de un abrazo y un par de besos al aire o una sentencia transmitida con un breve cambio en la mirada.
Revenge está enseñando sus cartas y parece indicarnos que este no va a ser un camino amable y mucho menos una historia de redención. Prometen ir hasta el final y esperamos que no hagan concesiones, la serie se va revelando como un relato oscuro en el que todo sólo puede terminar mal. Y por ahora, ahí estaré yo para contemplarlo.







2 lectores han dicho:
Veo que ya has llegado al enorme capítulo quinto, a partir de ahi todo mejora considerablemente. Yo la estoy disfrutando como pocas, que me encanta ese duelo de zorrupias de cada semana :p
Intuyo que has llegado ya al capítulo siete, una locura. Los cuatro primeros capítulos con su estructura de procedimental de la venganza, como bien señalas, me parecieron la forma perfecta de sumergirnos en el mundo de "Emanda", y de sus planes maquiavélicos, pero ahora que ya sabemos que hay amenazas al plan y que más de un capullo/a suelto, todo es todavía más apetecible. Sin duda, el momento más palomitero de la semana.
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