Reconozcámoslo, Once Upon a Time recuerda a uno de esos 'Grandes Relatos' que emitía Telecinco hace unos años, con ese enfoque familiar y un mundo fantástico recreado con unos efectos especiales más propios de un juego de la Nintendo 64. Esto no tiene porque ser malo, simplemente fue lo primero que me vino a la mente conforme veía el segundo episodio. Pero no nos adelantemos, primero una introducción para despistados: Once Upon A Time nos cuenta cómo, tras una terrible maldición conjurada por la bruja del relato de Blancanieves, todos los personajes de cuentos infantiles son exiliados a un pueblo en nuestro mundo, olvidando quiénes son y a la espera de que llegue alguien y los traiga de vuelta. Obviamente, nuestra protagonista, Jennifer Morrison tendrá esa misión, ayudada por el hijo que dio en adopción y por una desmemoriada Snow White, tendrá que vencer a la malvada bruja y liderar el enfrentamiento definitivo.
Once Upon A Time ha sido uno de los últimos estrenos de esta temporada y de primeras no lucía especialmente bien. Esa mezcla de cuentos y realidad recordaba molestamente al cómic Fábulas de Bill Willingham, que narra una historia muy similar, y visualmente lucía muy chapucera. Todas estas impresiones no desaparecen tras ver los dos primeros capítulos, pero reconozco que ese punto entrañable e inocente conecta con nuestro lado más infantil. Estamos hablando de nuevo de heroínas, príncipes encantadores y lo que es mejor, malvadas brujas tomando té mientras se intercambian horribles maldiciones. Es una serie familiar, inocente y bien intencionada. Fantasía cercana y reconocible, con personajes que no resultan ajenos al público para que este no huya en estampida.
En un punto en el que las adaptaciones cinematográficas de Blancanieves son la última moda, la televisión no podía quedarse atrás. Pero curiosamente, no hay una adaptación de la historia a nuestros códigos contemporáneos, sino que se mantiene localizándola en otro punto. Y quizás es esto lo que puede despistar, realmente nos vuelven a contar el mismo cuento, con el mismo tono edulcorado tan propio de Disney. Quien busque una reescritura actual, oscura y metafórica de los tiempos que corremos, se sentirá decepcionado, porque aquí no va a encontrar nada de eso. Esto es pura fantasía escapista, cuentos de hadas en el primetime renovados con la coartada de situarlos en un pequeño pueblo de Estados Unidos.
Once Upon A Time es ligera y agradable, con una mitología a la que sacar partido y la posibilidad de reinterpretar el imaginario colectivo sin grandes divagaciones filosóficas. Un pequeño y agradable pueblo, vecinos que se conocen entre ellos y simbolismos muy poco sutiles. Mientras mantenga ese espíritu naif y la historia no se estanque, esta va a pasar a ser, la serie simpática de la semana.






1 lectores han dicho:
A mí precisamente lo que me gustó es ese toque muy blanco y naif, de no complicarse la vida ni volver todo más oscuro y actual. Y es cierto el parecido con Grandes Relatos, pero..anda que no me lo pasé yo bien en su día viendo la miniserie de El Décimo Reino, que por cierto, es bastante parecida.
Publicar un comentario en la entrada
Life is short, talk fast.