El tercer día del Festival de Sitges se presentó más interesante, con algunas de las películas que más me gustaron:

La primera de la mañana fue la nueva versión de Jane Eyre, que en este caso estaba protagonizada por Mia Wasikowska, actriz lanzada al estrellato en la primera temporada de En terapia, acompañada por Michael Fassbender, Jamie Bell y Judi Dench. Un  reparto de lujo para esta adaptación de la novela de Charlotte Brontë. Lo que hace especial a esta película es su puesta en escena, optando por un tono propio de cuento de terror gótico. Los paisajes son expresiones de las emociones de los personajes y nos encontramos en páramos desérticos, arrasados por tormentas y duros inviernos. Los personajes, contenidos en sus emociones, consiguen llegar al espectador a través de esa pasión que en determinados momentos consigue escaparse de las manos de sus protagonistas. La inquietante mansión, la fría fotografía y los grandiosos paisajes propios de un relato de terror justifican su presencia en el festival de Sitges. Una de mis favoritas. 

A continuación llegó la alemana Hell. Película post-apocalíptica que comenzaba como La carretera para terminar como Frontière(s). En un mundo en el que la capa de ozono casi ha desaparecido, la luz del solo puede llegar a ser mortal si uno se expone más de varios minutos a ella. La sociedad ha caído y unos pocos sobreviven, es la supervivencia del más fuerte y si no hay comida, habrá que buscarla donde sea, aunque eso signifique devorar a tus semejantes. Tópica, pero rodada con ritmo y con una fotografía, que además fue premiada en el palmarés,  que destaca la luz del sol como algo dañino y la contrasta con colores fríos para las horas nocturnas.

Leashed en cambio entra directamente en el top 5 de lo peor que pude ver allí. La historia de una femme fatale adolescente que manipula a dos amigos y a una nueva chica que ha llegado al barrio. Con las playas de Malibú de fondo, parece que va a construir una intriga interesante al dotar a sus personajes de profundidad, pero por desgracia termina quedando en nada. Una desarrollo errático y sin sentido alguno que echan a perder un comienzo prometedor.

Y por último llegó una de las películas más esperadas de este Festival, The Divide, el nuevo trabajo de los directores de Frontière(s). De nuevo nos enfrentamos a un apocalipsis, en este caso nuclear, y un grupo de personajes se esconden en un sótano para sobrevivir. Allí pasarán las horas, los días y las semanas encerrados, mientras la locura y la paranoia se va apoderando de ellos, iniciándose una escalada de depravación y violencia que sólo puede terminar mal. Pesimista visión del ser humano que no se amedranta a la hora de sacar lo peor de sus personajes, pero que flojea en una duración un poco más larga de lo debido, y una protagonista completamente plana, a lo que contribuye una mala escritura y una interpretación anodina. Recomendable, pero no para todos los estómagos. 

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