FRINGE: Segunda temporada


Tenía pendiente hablar de Fringe, pero no me había puesto a ello, ya que no quería quedarme en la mera crítica destructiva. Finalmente he afrontado mi visionado de la serie planteándomelas de forma diferente. La 2ª temporada de Fringe estaría compuesta por doce capítulos de caracter muy serializado, frente a los 22 en los que se intercalaban autoconclusivos con aquellos que hacían avanzar la trama horizontal (aquí las gracias a Antara Adachi por realizarme esa selección).

No tengo nada en contra de los comunmente llamados capítulos de relleno. A mi me resultan pesados y bastante aburridos, pero son parte de la serie. Desde el principio se dejó claro que iban a estructurar Fringe a través de casos independientes dejando la trama principal para ocasiones especiales (sweeps y finales de temporada principalmente). Vamos, igualito que Expediente X. De la serie de Mulder y Scully puede decirse que la he visto más o menos entera y que soy un gran seguidor. También adolecía de una estructura que combinaba de forma demasiado estanca episodios centrados en el monster of the week con otros más mitológicos. Pero esto nunca fue un impedimento. A la hora de afrontar la serie de Chris Carter, lo que yo quería era reencontrarme con sus dos protagonistas, con el escepticismo de Scully y con la cabezonería de Mulder. En cambio en Fringe tienen un gran problema: dos de los tres protagonistas adolecen de una frialdad y falta de carisma propios de una serie como The Vampire Diaries.

Olivia Dunham, la protagonista, es un personaje estirado e incapaz de transmitirme la más mínima emoción o interés por ella y por su vida privada. Peter Bishop directamente se pasea por la serie sin tener absolutamente nada que hacer, más allá de llevar a Olivia en coche de un lado a otro o de buscar el material que necesita Walter para cualquier prueba en el laboratorio. Es cierto que también habla trescientos idiomas y que dependiendo lo que exija la trama desarrollará habilidades de forma un tanto arbitraria. Pero bueno, si en Alias, Jennifer Garner hablaba sin problemas incontables lenguas y no sufría de jet lag, tampoco vamos a ponernos quisquillosos.

La pregunta obvia a estas alturas sería ¿si le he visto tantas cosas negativas, porqué no he desistido con Fringe? Por dos razones: Walter Bishop y por la trama de los universos paralelos. John Noble construye un personaje adorable, una especie de niño grande, que oculta en su demencia una profunda culpa por aquellos pecados que cometió. Su relación con su hijo, su forma de ir construyendo nuevamente ese vínculo después de todo el tiempo perdido es de lo más interesante de este programa.

Cuando Fringe se convierte en un drama paternofilial es cuando gana enteros y se crece. Habrá universos paralelos y demás situaciones paranormales, pero es en las distancias cortas donde más efectiva es esta serie, en las dudas de un padre desorientado, que ve que ha perdido a su hijo y que hará todo lo posible por recuperarlo, por volver a ganárselo, a sabiendas de haber hecho algo horrible. Por que si algo nos dice Fringe es que ya pueden derrumbarse los universos, unos sobre otros, si con ello consigues recuperar al hijo perdido.


La otra razón por la que continué con los episodios más seriados hasta el final de la temporada, fue por toda la guerra entre dimensiones. La mitología que desarrollaron con esos accidentes en los que se mezclaban diferentes realidades, los observadores, Massive Dynamics y demás, consiguió picar mi curiosidad. Todo parecía dirigirse a un punto concreto y en eso, sus guionistas no decepcionaron. Su season finale fue todo lo que llevaban prometiendo dos años. Nos dieron un paseo por la otra realidad y nos deleitaron con los dobles malvados de nuestros protagonistas. Aquí se demostró que el problema que tengo con Olivida Dunham no es por que Anna Torv sea mala actriz, ya que su doppelgänger consiguió interesarme en apenas una secuencia.

Todavía no sé si continuaré con su tercera temporada, ya que no creo que tarden más de dos capítulos en arreglar el cliffhanger con el que concluyó su segundo año y volverán a su estructura habitual. Mi problema no es que sea procedimental, sino que no conecto con sus personajes y por ello, sus casos siempre terminan aburriéndome. Disfruto su faceta más seriada, pero porque me recuerda a otras historias como La materia oscura.

THE VAMPIRE DIARIES: Primera temporada


Sin spoilers

The Vampire Diaries tiene diálogos terribles, interpretaciones ausentes de la más mínima emoción, reacciones incoherentes con los personajes, situaciones que ocurren por que sí, giros en la trama sin pies ni cabeza y su trío protagonista son el paradigma del anticarisma. Pero a pesar de todo esto y de su horrible piloto, este verano terminé por engancharme a su primera temporada.


A The Vampire Diaries solo le falta el acento para ser un culebrón venezolano, pero curiosamente, esto que podría parecer negativo, se convierte en su mayor baza. Con un ritmo sorprendente, esta serie supera en apenas dos episodios el estigma de Crepúsculo y articula un universo menos afectado y mucho más gamberro. Se permiten licencias similares, como dejar a los vampiros caminar a la luz del día gracias a unos anillos o establecer una relación amorosa entre la protagonista y el vampiro atormentado. Pero sus creadores no se estancan en esos conceptos y rapidamente hacen avanzar la serie hacia el thriller sobrenatural.


Mystic Falls, que en principio parecía ser un remedo de Capeside, sustituyendo el mar por los bosques, pronto se desvela como un personaje más. Aquí todos sus habitantes esconden algo y que hayan regresado unos vampiros al pueblo es lo menos extraño que sucede. Brujas y cazavampiros campan a sus anchas, ayudados de brújulas místicas, cristales misteriosos y libros repletos de hechizos.


The Vampire Diaries es una serie de la CW y sabe que debe enganchar rápido al espectador. Renuncia rapidamente a ser una mera copia televisiva de Crepúsculo optando por el folletín más entretenido. A partir del cuarto capítulo las tramas comienzan a coger velocidad y los giros en el argumento no se harán esperar. Los secundarios caerán como moscas y el pueblo en el que se desarrolla todo adquirirá personalidad. Los flashbacks servirán para redondear el background de Mystic Falls y además cumplir con los clichés de cualquier historia de vampiros.


Pero a diferencia de True Blood, donde los guionistas son conscientes de que se están tomando a broma su programa, aquí todo es serio. Resulta curiosa la superintensidad y el superdramatismo que parece rodear a la historia. No olvidemos que está dirigida a adolescentes y lo que a nosotros nos parece una chorrada, ellos lo ven como un reflejo de su generación. Solo hay que ver Dawson Crece ahora, para comprobar que esos diálogos que en su momento nos parecieron profundos y repletos de lecciones de vida, no son más que pura palabrería. Aquí sucede lo mismo, pero con un aroma más emo y romántico.


The Vampire Diaries funciona perfectamente como producto de consumo rápido, sus cuarenta minutos se pasan volando y hay que reconocer que pocas series he visto en las que sucedan tantas cosas por episodio. Donde otras necesitan una temporada, Kevin Williamson y Julie Plec, creadores de la serie, te lo resuelven en seis capítulos. Tiene algunos detalles que me resultaron especialmente molestos, como la comprensión hacia el personaje de Damon, un vampiro que ha mordido a medio pueblo, pero del que siguen diciendo, "si en el fondo no es mal chico". Pero se les perdona por salir exitosos a la hora de conseguir un programa mucho más entretenido de lo que en principio se adivinaba.


Su primera temporada terminó por todo lo alto y es digno de alavar la cantidad de cosas que sucedieron en esos cuarenta minutos. El cliffhanger final nos dejó con la mandíbula desencajada por la sorpresa y ya solo queda esperar que para su segundo año mantengan su incansable ritmo. Ah, y que nos introduzcan nuevos secundarios, porque a estas alturas, ya pocos quedan vivos.

NURSE JACKIE: Temporadas 1 & 2


Ya hablé en su momento del piloto de Nurse Jackie y lo hice desde la decepción. No me pareció más que otra forma de explotar la fórmula mágia de Showtime: personaje central repleto de conflictos que debe llevar una doble vida. Todo ello en un tono que se moviese entre el drama y la comedia negra y con una cinismo que inundase su discurso.

Pero una vez le di una segunda oportunidad, Nurse Jackie se descubrió como una serie más positiva y optimista de lo que a primera vista pudo parecer. Diamantes en serie lo describe muy bien: lo que se adivina como un programa oscuro es finalmente un relato de corte más positivo que sorprende por su candidez. Solo el personaje central de Nurse Jackie es quién lo amarra al desencanto marca de la cadena.

Esta serie protagonizada por Edie Falco gira en torno a Jackie, una enfermera muy trabajadora, drogadicta, infiel y con una familia perfecta que adora. Todas estas características combinadas en una sola persona dan lugar a un personaje complejo y muy peculiar. Los guionistas juegan a intrigarnos con ella, nos la muestran opacamente, vemos lo que hace, pero apenas adivinamos sus motivaciones. Lo que empuja al espectador a ver un episodio tras otro, al menos al principio, es la necesidad de discernir cuál es el probema que tiene la protagonista, que se empeña en destrozar una vida que en circunstancias normales estaría próxima a la perfección.

Y curiosamente, las primeras pistas vendrán de mano de su hija mayor, una niña de apenas doce años, que con la sensibilidad propia de las mentes más jóvenes, percibirá cosas que al resto se le escaparán. El estrés y las conductas compulsivas serán solo un reflejo de la autodestructiva manera de ser de Jackie. Su nocivo comportamiento terminará por reflejarse donde menos se espera.

Pero al menos por ahora, la coraza de Jackie es indestructible y ella no da su brazo a torcer, por lo que pronto nuestro interés se traslada a los secundarios, personajes que con un poco de rodaje van creciendo hasta adueñarse del programa y arropar a Jackie a la perfección. Lo que en principio parecían meros alivios cómicos, van ganando profundidad y realismo. Y frente al desencanto y hastío vital de ella, el resto pulularán de manera inocente por el hospital tratando a los diferentes enfermos y dando luz a la serie.

Nurse Jackie es la crónica de una autodestrucción. Es similar a asistir en primera fila a la cuenta atrás de una bomba que va a explotar. Ves que el momento se acerca, que es inevitable y que la protagonista no hace más que lanzarse sin paracaidas al vacío. Parece ansiar su inmolación y sólo gracias a los pequeños detalles de instantes en los que explota, podemos vislumbrar algunas causas: frustración, culpa y un excesivo sentido de la responsabilidad. Pero en su oscuro viaje está acompañada por unos compañeros que ayudarán a mantener a flote la serie, alejando, afortunadamente a Nurse Jackie del drama tremendista.

Y al final, en toda una declaración de intenciones, con un "Blow me" dicho ante el espejo, nos recuerda que Jackie lo último que busca es redención. Y que ella será el agujero negro que termine por consumir a todos los que están a su alrededor si no hace nada por evitarlo.

THE WIRE: Cuarta temporada

Sin Spoilers

Hasta ahora, en The Wire nos habíamos acercado a las calles de Baltimore para conocer a sus traficantes, a sus adictos y a la policía que se ocupaba de ellos. También a los altos mandos a los que lo único que les importaba eran las estadísticas de delitos con la única finalidad de conseguir un ascenso. En su segundo año nos adentramos en los puertos, conocimos los sindicatos y los diferentes trapicheos que allí tenían lugar. Durante la tercera temporada fue el momento de meterse de lleno con la esfera política, un grupo de políticos acomodados y corruptos. Ahora, en su cuarto año, tocó centrarse en los niños.

Y es que, en un ambiente tan difícil como el descrito por esta serie ¿cómo encajaban las futuras generaciones? ¿Cómo afrontaban un entorno tan conflictivo y de qué manera se adaptaban a él? Ese es el tema respecto al que gira esta temporada y que se nos mostrará desde diferentes prismas. Los niños son el futuro, pero qué sucede cuando crecen en un lugar sin él. Las escuelas apenas pueden enseñarles a leer y se conforman con educarlos unicamente en lo que el examen estatal les exija con tal de conseguir subvenciones. Los profesores se resignan y la violencia, tanto verbal como física, es el pan de cada día en esas aulas.

Pero los niños son solo el reflejo de padres adictos, que han abusado de ellos o que esperan que sigan sus pasos como traficantes. Y en medio de esta oscuridad, David Simon, creador de la serie, nos da tres focos de luz. Un nuevo programa escolar que separá a los chavales más problemáticos para educarlos de manera más específica, en materias más cercanas a su día a día, con tal de poder integrarlos socialmente. Por otro lado, tenemos a un concejal postulándose a alcalde, que parece que realmente buscará el bienestar de la ciudad. Y por último, a un antiguo traficante que ha abierto un gimnasio en el que acoge a los chavales de la calle, entrenándoles en boxeo y esperando alejarlos de las drogas.

El problema, es que a estas alturas de la historia, la filosofía de la serie ya ha quedado muy clara: podrás intentar cambiar lo que sea, que al final todo quedará igual. Eso se nos ha ido diciendo durante los tres finales de temporada anteriores y está muy presenta en toda este cuarto año. Una pregunta sobrevuela todo el relato ¿realmente servirá de algo? ¿O será un esfuerzo inútil que se perderá en las calles?

Desde el punto de vista formal, esta temporada me ha parecido la más redonda. Quizás, porque acostumbrado a su estructura, ya no sorprende no enterarse de nada hasta el cuarto capítulo. Es curioso ver como David Simon no se precipita y no te muestra a todos los personajes en el primer capítulo, sino que los va distribuyendo a lo largo de los tres episodios que abren la temporada. Va dejando caer las tramas y las hila sutilmente. Y a diferencia de otras veces, no tenemos un capítulo final anticlimático, sino que concluye de forma magistral todo lo presentado.

Respecto a los personajes, se puede decir que The Wire tiene algunos de los mejores que se han visto por televisión. Por ejemplo, Omar Little, ese gángster con su propio código de lealtad, Bodie, uno de los pocos supervivientes del antiguo orden o Bubbles, el yonki de buen corazón. En esta temporada, algunos protagonistas pasan a un segundo plano y algunos secundarios ganan mucho más peso. Además, están los chavales, todos ellos muy bien retratados. Son niños, pero no por eso se peca de mostrarlos con trazos gordos. Todos ellos están repletos de contradicciones que los hace mucho más complejos de lo que pudiese parecer.

Esta cuarta temporada ha sido posiblemente la más oscura de todas, no tanto por su tono, que se ha mantenido, si no por el tema tratado, las preguntas cuestionadas y las respuestas obtenidas. The Wire es dura y no hace concesiones al espectador. Les gustaría contarnos como se puede acabar con la droga y como se podría sacar provecho de esos niños y alejarlos de la calle. Incluso, nos lo llega a hacer creer, para después, como si de un derechazo inesperado se tratase, nos devuelve a la jodida realidad.