V (2009): Primera temporada


Sosa. No hay mejor palabra para describir lo que ha sido la primera temporada de V (2009). Ha estado cerca de ser un despropósito, pero este año ese adjetivo queda adjudicado con todas las de la ley a Flashforward. Este remake se presentó hará ya unos cuantos meses con unos cuatro primeros capítulos para ir abriendo el apetito. Tras un parón obligatorio regresó para completar una primera temporada de doce episodios. Ya hablé en su momento sobre lo que me había parecido esa introducción y comenté que pese a sus errores prometían una serie interesante. No puedo decir lo mismo tras ver sus ocho episodios restantes.

Unas naves espaciales que aparecen sobre las principales ciudades del mundo, tripuladas por unos visitantes que dicen llegar en son de paz es el desaprovechado punto de partida de V (2009). Lo que podría haber sido una interesante disgresión sobre nuestra sociedad, el miedo al extraño y el manejo de la opinión pública, quedó en nada. La serie era de la ABC, una
network y estaba claro que no nos íbamos a encontrar con un Battlestar Galactica, pero su falta de garra y personalidad ha sido hasta molesta. Sus ambiciones temáticas parecían amplias, pero la forma de tratar esos temas ha sido infantil y trillada. Apenas han ahondado en los conflictos que presentaban y todo pecaba de ser excesivamente maniqueo y simple.

Podía haber ignorado estos detalles si al menos sus personajes hubiesen resultado interesantes. Por desgracia, tampoco ha sido así. Casi todo el plantel masculino conseguía llegar a las cotas de irritabilidad y absurdez de cualquier vil personaje de
Private Practice. Encabezados por el odioso adolescente y siguiendo por el intenso del cura venido de Afganistán. Ellas están mejor y son a la larga las que salvan un poco la serie. Ana, la líder de los Visitantes es malérrima como la que más y encuentra en la agente del FBI una buena némesis. Lo mejor de todo es que en el fondo son dos madrazas cuidando por sus retoños. Visto así V llega a ser muy divertida (y a esa última cena me remito).

El hecho de que la resistencia la conformen cuatro gatos le quita todavía más seriedad al asunto. Y si sumamos a esto sus terribles efectos especiales con unos cromas que ni un telediario de una cadena local pues apaga y vámonos. Y entonces ¿por qué siendo tan horrenda V la he visto hasta el final? Por algún que otro detalle que la salvan. Alguna trama y personaje que dejan caer que pueda ser interesante y algún episodio con buenos momentos. También habría que reconocer una leve mejoría en su último tramo. Y siendo honestos, no he perdido todavía las esperanzas de que la serie se enderece y nos ofrezca el entretenimiento digno que debería haber sido.

V (2009) ha sido renovada para un segundo año. Le daré dos o tres capítulos para testear si han introducido mejoras considerables y ya entonces decidiré si abandonar definitivamente o no. Y a la pregunta de si recomiendo retomarla o empezarla: siendo sinceros, no. Con la de buenas series que hay, para que perder el tiempo con un programa tan anodino.

MODERN FAMILY: Primera temporada

Sin spoilers.

En cine hay un termino conocido como sleeper, se refiere a una película de no mucho presupuesto que de repente se convierte en un éxito que nadie habría predicho. Normalmente no incluyen a ninguna estrella y su historia no parece tener nada en especial. Pero por una razón u otra (normalmente por la frescura que destilan y por un tono original que consigue conectar con el público) se convierten en taquillazos gracias al boca a boca e incluso se cuelan en las entregas de premios. Mi gran boda griega o Juno serían dos buenos ejemplos de esto. En televisión ocurre algo parecido, y podría decirse que Modern Family ha sido la sorpresa de esta temporada.


Esta serie de corte familiar no llamaba la atención entre las sinópsis de los nuevos proyectos que se iban a estrenar. La historia de tres familias, una tradicional, otra formada por una mujer joven y un señor mayor y otra homosexual, no parecía inventar nada. Su formato de falso documental ya había dejado de ser algo original desde que The Office desembarcó en nuestras pantallas hace ya varios años y su tono se anunciaba muy blanco. Pero sorprendentemente su piloto funcionó bastante bien.

Podría ser su frescura y sus personajes, que si bien eran estereotipados, resultaban cercanos al espectador. Phil, era un niño mayor y Cameron un drama queen que nos desarmó con su momento Rey León o su fanatismo por Meryl Streep. A partir de ese momento y durante toda la primera mitad de la temporada la serie fue dándonos episodios divertidos, siempre moviéndose en terrenos muy neutros, pero no por ello menos cómicos. Nos fuimos enamorando del resto de personajes, como Manny o Gloria. La gente estaba tan emocionada con la serie que se llegó a sobredimensionar un poco. Incluso alguna publicación americana se atrevió a incluirla entre las series más influyentes de la época con tan solo diez episodios emitidos.

La desventaja de las comedias respecto a los dramas es que los bajones de calidad son mucho más evidentes y más difíciles de disimular. Y en su segundo tramo Modern Family pareció estancarse. Ya no resultaba tan entretenida y lo que antes nos hacía gracia de los personajes ahora apenas nos levantaba una sonrisa. Para mi el punto de inflexión fue el polémico episodio del iPad, en el que product placement adquiría una nueva dimensión, agrediendo al espectador con una trama cuyo único propósito era alabar las maravillas del nuevo aparato de Apple. A éste le siguieron una serie de episodios sosos y aburridos, algo imperdonable en una sitcom que dura solo 20 minutos.

El entusiasmo pasó y las quejas se empezaron a oír, a la vez que Community, otra comedia estrenada por la NBC, no paraba de conseguir adeptos, llegando casi a desbancar a Modern Family como el sleeper de la temporada. Modern Family había perdido la gracia en un tiempo récord. Sorprende, pero a la vez es algo a lo que estamos acostumbrados en televisión con programas como Heroes, Flashforward o incluso Glee (aunque ahí no estoy de acuerdo).

En los últimos capítulos levantaron un poco el nivel, pero ni mucho menos eran tan divertidos como al principio. Las moralejas familiares ya huelen mal y su tono demasiado inocente llega a cansar. Le concederé unos episodios el año que viene, confiando que el descanso veraniego le ha permitido a los guionistas recargar las pilas y volver con mucha más fuerza que con la que se fueron. Y vosotros ¿compartís la idea del bajón o creeis que la serie se ha mantenido bien?

SPARTACUS: Primera temporada


Ya se ha dicho muchas veces que una serie no se puede valorar unicamente por su piloto. En ocasiones porque es demasiado expositivo, otras porque aún no le han cogido el tono a la serie o simplemente porque todavía no conocemos a los personajes y no nos importa gran cosa lo que les suceda. Aún así, si vemos un capítulo piloto que no nos convence es comprensible que no sigamos con esa serie teniendo en cuenta la avalancha de diferentes programas que tenemos a nuestra disposición. Si a eso se le suman críticas furibundas, es lógico no dar una segunda oportunidad. Algo así me ha sucedido con Spartacus: Blood and sand.

Esta serie del canal por cable Starz (Crash, Party Down) cuenta con un piloto terrible. Demasiado sexo y violencia y sobre todo, un excesivo uso de las cámaras lentas. Apuesto lo que sea a que si les quitas las ralentizaciones sus cincuenta minutos se reducen a treinta en un momento. La historia en principio no tiene gran complicación. El protagonista, Espartaco, es capturado por los romanos y separado de su mujer. Le venderán como esclavo y lo convertirán en gladiador. Sobrevivirá a su duro entrenamiento y a los combates con el fin último de reencontrarse con su esposa, a la que tanto ama. En principio no parecía que fuese a toparme con nada interesante y sólo los comentarios positivos por parte de aquellos que siguieron viéndola me picaron la curiosidad. Y finalmente, en un aburrido fin de semana decidí darle una oportunidad. Fue empezarla el viernes y terminarla el domingo.

Más allá de su primer capítulo, hay tres elementos claves en esta serie que se tienen que tener en cuenta y aceptar, si se quiere disfrutar. Sus escenarios creados por ordenador con una estética que bebe directamente de la película 300. Esta es una historia que se cuenta de forma muy estilizada, en donde la forma no está subestimada al fondo. En segundo lugar hay que aceptar que el sexo va a estar muy presente, los desnudos frontales son algo habituales, tanto en ellas como en ellos. Las transparencias en las mujeres y la casi ausencia total de ropa en los gladiadores son marca de la casa y a quien eso le moleste, mejor que ni se acerca. Y por último, su extrema violencia. Ya no hablo solo de los chorros de sangre cada vez que se golpean, sino de desmembramientos, acuchillamientos, muelas volando o intestinos desparramándose sobre la arena. Incluso algunos momentos más gore en uno de los episodios más salvajes que he visto en una serie y que no es apto para estómagos sensibles. Es una violencia muy irreal y estilizada, pero no por ello menos brutal.

Si la serie solo se sostuviese sobre esos pilares no creo que hubiese pasado más allá del cuarto o quinto capítulo. Pero sus creadores sabían lo que tenían entre manos y en cierto modo siguieron una estrategia para conseguir espectadores, que por cierto, les ha funcionado. Partieron de un programa sin mucho contenido, lejos de series en principio más intelectuales, como puede ser Roma. Y conforme nos alucinaban con ese exceso de tetas, cuerpos musculosos y sangre, comenzaron a trazar una historia y a dar profundidad a unos personajes a primera vista planos.

Poco a poco las peleas van dejando lugar a las conspiraciones y a partir de ese momento la serie crece. Los personajes comienzan a tener entidad, tanto los gladiadores, como sus amos, interpretados por un genial John Hannah y una exuberante Lucy Lawless. La serie empieza a moverse a través de emociones básicas, pero no por ello menos intensas: el amor, el odio, la envidia o la ambición. Lo que en principio parecía una historia muy simple se va complicando y sus diferentes tramas van cruzándose unas con otras para confluir en un estupendo clímax en sus dos últimos capítulos.

Spartacus es una serie muy pasional y emocional. Sabe arrastrate a través del exceso de su puesta en escena a un mundo de arena y sangre, donde el honor es morir ante la multitud después de una gloriosa pelea. Pero esto es más difícil de lo que parece ya que el poder y la fama es algo muy deseado y todos conspirarán por conseguirlo. Como buena serie de romanos tiene en sus personajes malvados, que harán del engaño un arte y de la envidia una forma de vida, su mayor acierto. Serán ellos los que elevarán a Spartacus por encima de la mera testosterona proporcionandole una dimensión más intrigante y a la vez más inteligente.

Con esto no quiero decir que Spartacus sea una obra maestra a la altura de Roma, ni mucho menos. Pero sí reconocer que es mucho mejor de lo que su fallido piloto parecía anunciar. Tarda unos episodios en entrar en materia, pero cuando lo hace te absorve y poco a poco va enlazando todas sus historias para llegar a uno de los finales más satisfactorios que he visto. Algo que aunque parezca fácil no lo es tanto, sobre todo cuando vas creando expectativas. En su tramo final todas las líneas argumentales que habíamos visto, algunas de ellas que considerábamos sin importancia confluyen en un punto, y por decirlo de alguna manera, todo explota.

Su éxito llevó a una renovación casi inmediata para una segunda temporada. Pero el cáncer que padece su protagonista, Andy Whitfield (y que parece que está superando) ha retrasado su rodaje. Mientras nos llegará una precuela para ir haciendo tiempo, que si bien no me convence, le daré una oportunidad. Os animo a que le echéis un vistazo sabiendo ahora a lo que os enfrentáis. Y si tenéis la posibilidad, descargarla en alta definición, que es una serie que lo agradece mucho.

Breaking Bad vs Weeds

Sin spoilers de Weeds ni Breaking Bad.

A la hora de enfrentarme a Breaking Bad siempre me echó para atrás que su premisa fuese tan parecida a la de Weeds. Veía esto como algo negativo y no sentía necesidad de ponerme con una serie similar que me fuese a contar lo mismo. En Breaking Bad, Walter es un padre de familia y profesor de química que tras enterarse de que tiene cáncer se monta un laboratorio para producir meth y traficar con ella, junto a un antiguo ex-alumno. Su objetivo es reunir el dinero suficiente para que su familia, una mujer embarazada y un hijo con parálisis cerebral, puedan seguir cuando él ya no esté, sin problemas económicos. Lo mismo que Weeds: viuda que vive en una zona residencial que comienza a traficar con marihuana para poder mantener a su familia y su ritmo de vida. Pero curiosamente, partiendo de un detonante muy similar y explorando temas parecidos, estos dos programas son muy diferentes.

Ambas series tienen como eje central a la familia. Pero vista con todas sus imperfecciones. Esto no es Modern Family y sus lecciones al final de cada episodio. Nancy se tiene que enfrentar a dos hijos que hacen lo que les viene en gana y a un cuñado que se le ha metido en casa. Pero no solo eso, sino que ella está muy lejos de ser un modelo de como hay que crecer y madurar. Esta situación es algo que se acentúa con el paso de las temporadas, donde ambos chavales van tomando caminos peligrosos. En Breaking Bad, Walter se tiene que enfrentar a una mujer que le tiene alienado, a un embarazo tardío e inesperado y a un hijo cuya enfermedad le obliga a ir siempre con muletas. Traficará para mantenerles, pero al igual que Nancy, a ambos esta actividad delictiva les devolverá la vida que habían ido abandonando en favor de sus seres más cercanos.

Es un discurso bastante transgresor y oscuro, que nos sitúa a estos personajes lejos de la zona de los héroes. Comenzaron sus actividades delictivas y las justificaron en favor de su familia. Pero en el fondo eso es lo que les devuelve una ilusión por la vida que criar una familia les había robado.

Otra característica común entre Weeds y Breaking Bad es su ambigüedad moral. Tanto Nancy Botwin como Walter producen y trafican con droga, pero más allá de esta actividad delictiva, ambos harán lo posible para mantener su negocio. Lo que en principio parece la única salida pronto se convierte en algo que les absorverá. Matar a una persona es algo que nunca se habrían planteado, hasta que se enfrentan a esa decisión teniendo su negocio por medio. En ambos casos su caída a los infiernos es gradual, como una espiral que los va arrastrando hasta un punto en el que ya no hay marcha atrás. Poco a poco se van hundiendo en un lodazal de decisiones que les alejarán de los códigos sociales que hasta el momento habían respetado.

Estos personajes que comienzan como héroes, pronto se convierten en antihéroes ante nuestros ojos y sin que apenas nos demos cuenta. Si a alguno le hubiésemos conocido en temporadas más avanzadas no habríamos podido conectar con ellos, pero al haber ido de su mano a lo largo del camino hacia el mal (por decirlo de alguna manera) no podemos abandonarlos. Ambos realizan acciones repulsivas, pero se las perdonamos y ninguna de las series se para a juzgarles. Son valientes en su decisión de dejar al espectador que decida por si mismo y sin darnos cuentas nos vemos en el sofá debatiendo con nuestros códigos morales para encajar lo que acaban de hacer esos personajes, sin vernos obligados a rechazarlos.

Pero no son series irresponsables ni fáciles. No se limitan a mostrarnos una burrada tras otra, sino que obligan a los personajes a enfrentarse a las consecuencias de sus acciones. No persiguen la idea de que existe una justicia divina, pero sí de que todo acto tiene unas consecuencias y que tienes que estar preparado para afrontar y lidiar con ellas. Otra cosa es el modo en que lo hagas.

Su tercer punto en común es su manejo del suspense. Ambas series lo emplean de forma magistral, son capaz de llevar a los personajes cada vez más lejos, de tensar la cuerda, pero sin perder la credibilidad. A los espectadores se nos obliga a seguirles en sus decisiones, muchas veces erróneas y siempre ariesgadas. Queremos decirles a los protagonistas que no vayan por ese camino, pero no podemos abstraernos de los atolladores cada vez más grandes en los que se van metiendo. Ambas series manejan muy bien los cliffhangers y no solo eso, sino que también saben salir de ellos coherentemente. Pocos programas consiguen mantenerte en vilo de esta manera, temporada tras temporada.

Leyendo hasta aquí podría decirse que nos encontramos ante dos series gemelas, pero hay una diferencia muy importante, su tono. Mientras que en Weeds la historia se enfrenta con un humor muy negro y en ocasiones cruel, Breaking Bad hunde sus garras en el terreno del drama asfixiante. Weeds optó por reflejar los suburbios cínicamente, con personajes que se conforman en la mediocridad y situaciones desarmantes que te provocaban la carcajada a la vez que te hacían pensar "¿cómo me puedo estar riendo de esto?". En Breaking Bad solo hay lugar para la sonrisa en contadas situaciones y su función es la de dar un respiro al espectador, entre golpe seco y golpe seco.

Con esta pequeña reflexión no busco comparar ambas series para decir que una es mejor que otra. Solo quería demostrar que pese a tener un punto de partida similar se pueden construir dos programas muy sólidos y contundentes y a la vez muy diferenciados. Está muy manido decir que todas las historias ya han sido contadas, pero esto demuestra que no importa tanto el qué y sí el cómo.

THE CLOSER: Primera temporada


Retomemos el blog después del pequeño descanso obligatorio que ha sufrido por causas ajenas (y vaguerías propias) y hagámoslo por la puerta grande: dedicándole unas palabras a The Closer, mi último y tardío descubrimiento. Pero como suelen decir, nunca es tarde si la dicha es buena y no puedo estar más agradecido a todos aquellos que afirmaban que esta serie de TNT, y que en España ha sido emitida por Cuatro, era algo más que un simple procedimental. Partiendo del hecho de que los policiacos no me apasionan y de que una serie de casos autoconclusivos termina por aburrirme, solo confiaba en el carisma de la protagonista para conectar con el programa.

Pero estaba equivocado. The Closer es una serie, que al menos en su primera temporada, está cerca de ser redonda. Si bien sus primeros episodios son un poco titubeantes con la introducción de la subinspectora Brenda Johnson y su nuevo equipo, a partir del tercer capítulo los casos se convierten en el pilar central de la narración y los personajes se encargan de redondear el resultado final. La particularidad de este procedimental reside en su protagonista y en la forma de desenvolverse en los interrogatorios, llevándolos de maneras un tanto peculiares, pero siempre muy efectivas. Esto contrasta con una personalidad muy especial y un equipo de policías que se resisten a trabajar siguiendo su método.

La primera temporada se centra en la adpatación de Brenda Johnson a la comisaría y de los que allí trabajan a ella. Es una serie de detalles, donde una mirada, un gesto o una frase definen a los personajes. Los guionistas saben que tendrán tiempo de ir profundizando en todos ellos y por eso no se precipitan, cada cosa a su momento. Todos giran en torno a la protagonista y ella a su vez en torno al caso.

Brenda Johnson es un personaje complejo, repleto de matices y capas. Puede ser dura, grosera y antipática, pero también eficaz, adorable o insegura. Rasgos contradictorios que le salen o utiliza dependiendo de la situación. Solo su encantadora adicción a los dulces es algo que no puede controlar y que nos la humaniza más, si cabe.

Pero si tuviese que destacar una característica que sobresaliese sobre el resto no sería la estupenda interpretación por parte de Kyra Sedgwick, sino la solidez de sus guiones. Sorprendentemente me he encontrado con una serie escrita inteligentemente, con unos guiones contundentes que intentan huir en la medida de lo posible de las salidas fáciles. Los casos policiacos no son meras excusas para hacer interactuar a los personajes principales, sino que funcionan como el motor. Son tratados con seriedad e inteligencia, evitando huir de lo obvio (aunque a veces se les vea el plumero). Los interrogatorios que lleva a cabo la subinspectora son hipnóticos y al igual que el sospechoso, el espectador se ve arrastrado emocionalmente y sin darse cuenta, al punto que Brenda Johnson quiere llevarle.

The Closer es un programa sólido, que a primera vista puede no llamar la atención, pero no olvidemos que es la serie más vista del cable actualmente y su protagonista, la mejor pagada. Y esto es algo completamente justificado. Es un policiaco que es capaz de llegar a conmoverte con sus casos, de emocionarte con su protagonista (como ese plano en el que vemos a Brenda mirando en silencio un espejo después de un intento de violación) y de hacerte sonreir con sus secundarios. Además, su ajustada duración de trece capítulos por temporada, permite que todos los episodios estén especialmente cuidados.


Y si alguien como yo, tan enemigo de estas series de fórmula ha caído rendido ante la serie, ya estáis tardando en darle una oportunidad. Impaciente estoy por encontrar el pack de la segunda temporada. Y vosotros ¿la habéis visto? ¿Tenéis pensado poneros con ella?