Sin spoilersAl afrontar su quinta temporada, los guionistas de The Shield tenían claro que iba siendo hora de cambiar el status quo de la serie. Si en cierto modo con la cuarta temporada se había cerrado un ciclo, ahora comenzaba un nuevo camino que explorar. La serie no se iba a estancar y Shawn Ryan y compañía decidieron poner toda la carne en el asador y llevar a los personajes hasta el límite.
El creador del programa reconoce que lo que buscaba con la quinta temporada era poner en jaque al espectador, hacer que se plantease sus lealtades para con los personajes y por ello iba a introducir a Kavannaugh, un agente de Asuntos Internos que iba a iniciar una feroz búsqueda de pruebas para demostrar que Vic Mackey es un policía corrupto que debía estar fuera de las calles.
El problema, es que no contaron con la interpretación de Forest Withaker. Lo que tenía que ser un personaje positivo que supusiese un contraste con el protagonista y que nos iba a hacer preguntarnos hasta que punto aceptaríamos a alguien como Vic, se transformó en un personaje inmenso y excesivo. Kavannaugh es un policía minucioso, insistente, inteligente y sobre todo con un elevado sentido de la moral. Sabe lo que está bien y lo que no y no pondrá en jaque sus convicciones ni siquiera con la persona que más quiere. Estará del lado de la ley, pero el espectador en ningún momento se pondrá de su parte.
Es el rival perfecto para Vic, que finalmente se encontrará con alguien a su altura que hará tambalear peligrosamente todo lo que ha ido construyendo. Partiendo del vértice más honesto del Equipo de Asalto, se pondrá a prueba hasta el límite la amistad y la lealtad de estas cuatro personas. Sus pecados se verán amenazados en salir a la superficie a la mínima de cambio y solo la confianza ciega en que ninguno de ellos delatará a sus compañeros les salvará.
El límite lo marca todo aquello que estés dispuesto a perder: dinero, el trabajo, la reputación o la familia. Todo esto se pone en juego, y como si de una partida de poker se tratara todos apostarán, el problema es que perderlo todo no está contemplado y las soluciones a esto quizás tengan que ser más drásticas de lo esperado.
La quinta temporada de The Shield es la más angustiosa de todas las que llevan. Los protagonistas son colocados al filo de la navaja, en cualquier momento pueden caer. Y lo peor, es que el espectador en ningún momento se posiciona en el lado correcto, no quiere que Kavannaugh se salga con la suya y tan solo desea ver como Vic Mackey consigue salvar la situación.
El acecho por parte de Asuntos Internos transforma a The Shield en un programa todavía más agobiante y adictivo. Los episodios caen uno tras otro mientras el espectador solo espera una salida al final del túnel, un descanso para los personajes, un respiro que no parece llegar nunca.
Y cuando el espectador finalmente cree ver por donde van a ir los tiros, la serie se desmarca con un demoledor giro en la trama. Pocas veces un final de temporada fue tan contundente, tan doloroso y tan frustrante. El shock permanece incluso cuando se ha apagado la televisión. La fuerza de lo ocurrido arrasa con todo y eleva a The Shield un peldaño más.
Las posibilidades que abre ese final nos anuncian que lo que está por venir es equiparable a una tragedia griega. Llegados a ese punto, ya sí que no hay vuelta atrás. No ha posibilidad para el perdón ni para la redención. Solo la vana esperanza de que nuestros errores queden olvidados. Pero esto no es ni mucho menos nada fácil.






