
Hablar de la serie policiaca de HBO, The Wire, es repetir de nuevo lo que todos los que la han visto, han dicho. Este programa o al menos su primera temporada que es lo que he disfrutado de ella, es una auténtica maravilla. Lo normal sería alabar su elaborada trama, admirar su progresivo desarrollo, sus cuidados guiones que se alejan de grandes artificios y cliffhangers o su estupendo retrato de la ciudad de Baltimore. Ya solo con estos elementos, unido a su impecable factura técnica, The Wire sería una serie a tener muy en cuenta. Pero si además, a esto le añadimos unos personajes maravillosos, creados y desarrollados con mucho cariño, en los que se observa la intención de alejarlos de los manidos estereotipos en los que se suele caer a la hora de hablar de policías y traficantes, entonces nos encontramos con esta pequeña obra maestra.
La trama de la primera temporada se centra en la captura de Avon Barksdale, inteligente traficante que controla media ciudad de Baltimore. Lo que podía parecer una operación más, pronto se va revelando como algo más difícil y complejo que requerirá de escuchas y que pondrá nerviosa a las altas esferas de la ciudad. El equipo destinado a esta misión estará formado por las sobras de los diferentes departamentos, que aprovecharán a desembarazarse de aquellos a quienes no quieren, en lo que, ya antes de comenzar, se considera una misión fracasada.
Junto a los policías también iremos conociendo a los traficantes, desde a Avon Barksdale, cabeza del negocio, pasando por sus ayudantes y familiares, también dentro de ese mundo. Y llegamos a seguir a los pequeños camellos que son quienes finalmente reparten la droga y hacen el trabajo de calle.
Como ya he dicho antes, uno de los grandes aciertos de The Wire, es su tratamiento de los personajes. Ni los policías son los buenos, ni los traficantes son los malos. Todos se mueven en torno a una línea que separa lo legal de lo ilegal, en donde los jefes de policía impiden y obstaculizan y donde los traficantes se plantean si ese trabajo es lo que deben de hacer.
En The Wire, casi todos se mueven buscando sus propios intereses. Intentando mantener su posición predominante, desde aquellos que se dedican a manejar la droga, hasta los alcaldes, senadores y jefes de policía que prefieren una intervención rápida y vistosa para salir en la televisión, sin importarles que eso arruine una operación que se lleva gestando desde hacía varios meses.
Y es que la corrupción es un tema que se deja entrever conforme va avanzando la temporada y que viene muy bien ejemplificado en una frase que dice el responsable de la operación policial “Cuando sigues la droga detienes a unos camellos, cuando sigues el dinero, no sabes donde vas a terminar".
Volviendo a los personajes, habría que destacar como los guionistas nos los van revelando poco a poco. Como conforme los vamos conociendo vamos descubriendo diferentes facetas de ellos que en muchos casos no nos esperamos (un buen ejemplo es Omar, un traficante y ladrón de métodos bastante violentos, abiertamente homosexual que no tiene reparos en demostrar cariño a su pareja). Pero esto no queda ahí, ya que con el paso de los capítulos estos van evolucionando, se van viendo afectados por las situaciones y responden ante ellas teniendo en cuenta lo que ya hemos visto.
The Wire es una serie muy viva, que transcurre en la calle. Somos testigo de la forma de actuar y relacionarse de los traficantes, de su jerga, de sus métodos para guardar la droga y luego distribuirla. También vemos como es el trabajo policial, la jerarquía, las filias y enemistades entre los diferentes miembros del cuerpo o como todos los problemas entre ellos desaparecen cuando el herido es un policía.
También conocemos a drogadictos, algunos como Bubbles, uno de los mejores personajes de la serie, que no dudará en ayudar a la policía tras un desencuentro con los camellos que le pasan la heroína.
Por tanto, The Wire es una magnífica serie sobre el tráfico de la droga en Baltimore, donde seguimos a todos los implicados: a los policías, los políticos, los distribuidores o los propios drogadictos. Con una trama que va creciendo conforme pasan los capítulos y con unos personajes perfectamente perfilados, es un programa que no os podéis perder. Y ya sé que da mucha pereza ponerse con ella, pero merece la pena.









